Montar un puesto de limonada o vender dulces caseros es una de las formas que tienen algunos niños de ganar un poco de dinero mientras se divierten con sus amigos. Sin embargo, lo último que esperan sus padres es recibir una denuncia por una actividad que, en principio, parece un simple juego. Es justo lo que le ha pasado a una madre en Australia, que recibió una carta del Ayuntamiento amenazándola con una multa porque sus hijos habían montado un puesto de magdalenas y limonada en el barrio sin tener una licencia para vender alimentos.
Según la información publicada por ABC Brisbane, los niños habían tenido la idea de montar un pequeño puesto para vender magdalenas y limonada a los vecinos. Sin embargo, alguien presentó una denuncia anónima ante el Departamento de Salud por considerar que estaban vendiendo comida sin la autorización correspondiente.
La queja llegó al Ayuntamiento, que envió a la madre de uno de los menores una carta en la que le daban un plazo de 24 horas para solicitar una licencia comercial o enfrentarse a posibles sanciones.
No podía creer que alguien hubiera denunciado a sus hijos por vender magdalenas
En la carta que recibió, el Ayuntamiento le comunicaba que, tras comprobar sus registros y realizar una investigación, habían detectado que estaba desarrollando una actividad de venta de alimentos sin la licencia correspondiente.
También le advertían de que operar un negocio de alimentación sin autorización constituía una infracción de la Ley de Alimentos de 2006, por lo que podía enfrentarse a una multa o incluso a un procedimiento judicial.
La mujer aseguró que no podía creer que alguien hubiera llegado tan lejos por un pequeño puesto organizado por unos niños del barrio, especialmente porque recordaba haber hecho actividades parecidas cuando era pequeña.
“Recuerdo haber hecho ese tipo de cosas cuando era niña, así que me sorprendió mucho que alguien llegara tan lejos como para quejarse”, explicó.
Además, defendió que era positivo que los niños quisieran pasar tiempo fuera de casa y hacer actividades con sus amigos, en lugar de estar siempre utilizando teléfonos móviles o tabletas.
Uno de sus hijos también se mostró sorprendido por lo ocurrido y aseguró que la idea había surgido entre varios niños del vecindario.
“Me siento un poco mal porque nos hayan delatado por tener un puesto de limonada y comida”, lamentó el pequeño, que añadió que no consideraba que estuvieran haciendo nada malo.
El alcalde asegura que no tiene sentido denunciar a unos niños por vender magdalenas
Después de que se conociera lo ocurrido, el propio alcalde aseguró que no tenía sentido continuar con el proceso. Aunque explicó que hay unas normas sobre seguridad alimentaria que hay que aplicar, en este caso no tenía que hacerlo de una forma tan estricta, ya que se trataba simplemente de unos niños que se estaban entreteniendo vendiendo magdalenas en su barrio.
“Técnicamente, según la letra de la ley, no se puede hacer eso, pero mi opinión es: vamos, no nos quejemos de que los niños vendan magdalenas”, aseguró, añadiendo que había que tener cierta flexibilidad a la hora de aplicar las normas en casos como este.
“No estoy sugiriendo que la gente infrinja la ley, pero la realidad es que debemos tener un poco de flexibilidad en este sentido”, señaló el alcalde, que defendió actuar siguiendo una política de “vive y deja vivir”.
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Finalmente, el Ayuntamiento confirmó que no daría curso a la denuncia, una decisión que la madre recibió con satisfacción después de que la actividad de sus hijos hubiera terminado provocando una reclamación ante las autoridades sanitarias.