Ayudar durante años a una persona confiando en una promesa sobre una futura herencia puede acabar generando importantes conflictos cuando llega el momento de repartir los bienes y no se recibe lo que se esperaba. Es lo que le ha pasado a un agricultor e ingeniero de Irlanda que aseguró haber estado ayudando durante más de 15 años a su vecino de parcela porque este le había prometido que le dejaría sus tierras cuando muriera.
Según recoge una sentencia del Tribunal de Apelación de Irlanda, ambos eran vecinos y amigos y tenían explotaciones agrícolas colindantes, y durante todos esos años le ayudó con la finca con trabajos físicos en la granja, documentación para el Departamento de Agricultura, gestiones relacionadas con el ganado y otras tareas.
Cuando el hombre murió en agosto de 2020 y se conoció el contenido del testamento, las tierras no eran para él. Estas habían sido dejadas en herencia de tres de los hijos de la pareja con la que el hombre vivía, y el agricultor que le estuvo ayudando con las tierras únicamente recibió 5.000 euros y fue nombrado además albacea conjunto de la herencia.
Reclamó asegurando que le había prometido las tierras
El agricultor aseguraba que el vecino le había prometido en varias ocasiones que las tierras acabarían siendo para él y que siguió ayudándole durante años confiando en esa promesa. Incluso aseguró que su familia había prestado trabajo y servicios al fallecido durante décadas.
Tras conocer el reparto de la herencia, escribió en diciembre de 2020 al abogado encargado del patrimonio para comunicarle que pensaba reclamar las tierras que le habían prometido, pero esa reclamación no suponía iniciar formalmente una demanda ante los tribunales, algo que sería muy importante posteriormente.
El hombre defendía que todos esos años de colaboración y las promesas realizadas por Elliot le daban derecho sobre las fincas, pese a que el testamento establecía un reparto distinto.
La Justicia rechazó su reclamación porque llegó tarde
Cuando por fin puso una reclamación ante la justicia alegando que esos años de colaboración y las promesas realizadas le daban derecho sobre las fincas, pese a que el testamento establecía un reparto distinto, esta no prosperó porque la había hecho demasiado tarde.
La legislación irlandesa establece, con carácter general, que este tipo de reclamaciones contra la herencia de una persona fallecida deben iniciarse dentro de los dos años siguientes a su muerte.
El agricultor no presentó formalmente su reclamación judicial dentro de ese periodo y terminó defendiendo sus derechos sobre las tierras varios años después del fallecimiento.