Que una persona mayor tenga problemas de movilidad no significa necesariamente que la vivienda en la que vive haya dejado de ser adecuada para ella, ni que el casero pueda decidir por su cuenta que debe abandonarla aunque haya partes de la vivienda que les de algunos problemas. Esto es lo que le pasó a un anciano al que, tras 32 años viviendo de alquiler en la misma casa en Dublín (Irlanda), sus caseros echaron de la vivienda porque consideraban que no era adecuada para sus problemas de movilidad.
Según la información publicada en The Irish Times, el anciano llevaba viviendo en la casa desde el año 1996 y en 2024 los propietarios le enviaron una notificación para que abandonara el inmueble antes del 22 de agosto, alegando que los dormitorios y el baño se encontraban en la primera planta y que ya no podía acceder a ellos debido a su “inmovilidad y problemas de salud continuados”.
Durante el proceso judicial, los caseros defendían que habían actuado preocupados por el bienestar del anciano y, según la agente inmobiliaria que los representaba, habían comprobado que el hombre no podía subir las escaleras hasta los dormitorios, por lo que tenía una cama y un inodoro portátil en el salón. Por ello, pensaron que lo mejor es que se mudara a un lugar más “adecuado a sus necesidades”.
Su hijo aseguró que los caseros estaban tomando una decisión médica
El hijo del inquilino, que fue quien se enfrentó al proceso judicial tras la muerte de su padre, advirtió de que el hecho de que se aceptase un argumento como ese para desalojar a una persona sería un “precedente peligroso”, porque permitiría a los propietarios tomar una “decisión médica sin cualificación” sobre la situación de sus inquilinos.
Para apoyar su postura presentó un informe de un terapeuta ocupacional de 2022 que recomendaba que su padre hiciera vida en la planta baja, motivo por el que se había colocado allí una cama. Según sostuvo, si la vivienda realmente no hubiera sido adecuada para él, el propio informe lo habría indicado.
También explicó que el aviso de desalojo había provocado mucho estrés en el anciano tras más de 30 años viviendo allí. De hecho, tan solo meses después de recibirlo, enfermó e ingresó en el hospital y, en agosto de 2024, pasó a recibir cuidados de larga duración hasta que falleció en diciembre de ese mismo año.
Cambiaron las cerraduras mientras retiraban sus pertenencias
Los caseros no solo le pidieron al anciano que se marchara, sino que, antes de que lo hiciera, mientras estaba en el hospital en el mes de agosto, el hijo descubrió que habían cambiado las cerraduras de la casa porque fue a la vivienda para recoger las cosas de su padre. Por ello, sostuvo ante el tribunal que su padre había sido “desalojado ilegalmente”.
El tribunal declaró finalmente inválida la finalización del alquiler, al señalar que un propietario no puede acabar con un arrendamiento basándose en la condición médica “percibida” de su inquilino. También destacó que el alquiler de un “inquilino anciano y vulnerable” que llevaba 32 años en la vivienda había terminado por una razón que resultó defectuosa.
Además, consideró que el cambio de cerraduras mientras todavía se estaban retirando las pertenencias había supuesto una terminación ilegal del arrendamiento y calificó de “lamentable” la forma en la que se produjo.

