Vivir dentro de una cueva parece una idea de otra época pero que, en los tiempos que corren en los que el precio de la vivienda no para de subir, ya se plantea como una alternativa más que algunos no ven tan descabellada. Al igual que vivir en el bosque o en un asentamiento de caravanas, son soluciones habitacionales a las que acuden cada veza más los españoles ante la falta de vivienda y los precios tan altos.
En Granada hay una zona de montañas y cuevas que nacen bajo la tierra en las que se dan este tipo de viviendas. Allí, el oficio de picador es clave para transformar la roca en hogares confortables. Uno de los mayores expertos en esta labor es Pepe, un artesano de 73 años que lleva ya más de 30 años excavando y preparando cuevas para poder vivir en ellas, habiendo participado en la creación o restauración de unas 300 viviendas subterráneas.
"Esto es un búnker": de la roca a viviendas de 300.000 euros
Para Pepe, el trabajo de picador va mucho más allá de la fuerza física. "Picar bien lo puede hacer cualquiera con práctica. Es crear", dice en una entrevista concedida al canal de Youtube de ‘Diego Revuelta’ sobre su profesión mientras enseña su propia vivienda, construida por él mismo desde cero. En la actualidad, como hay tanto turismo rural y se busca cada vez más la eficiencia térmica, estas construcciones se han revalorizado al ser tan apropiadas para ambos aspectos, alcanzando en algunos casos precios de mercado de hasta 300.000 euros cuando cuentan con acabados de alta calidad.
Las propiedades bioclimáticas de las cuevas ofrecen una temperatura constante durante todo el año y un aislamiento acústico insuperable. Con capas de montaña de entre 15 y 20 metros sobre el techo, las estancias quedan blindadas del exterior. "Esto es un búnker... Aquí no hay ruido", señala el picador, resaltando la tranquilidad absoluta que se respira en el interior de la roca.
Aislarse y encerrarse para sentirse libre
Este granadino ve en el hecho de vivir dentro de una cueva una forma de huir del estrés de la ciudad y de la vida automatizada que nos han impuesto, según su visión. Su dormitorio, la estancia más íntima de la vivienda, funciona como su santuario personal de desconexión.
"Me aísla bastante de ese mundo vuestro, de ese mundo político, de ese mundo que os domina", reflexiona Pepe. Para el picador, permanecer bajo tierra no equivale a confinamiento, sino a soberanía sobre el propio tiempo: "Yo aquí me siento libre encerrado en una cueva".