Que un hijo adulto vuelva a casa de sus padres después de una ruptura sentimental puede ser una solución temporal mientras reorganiza su vida, pero cuando el tiempo pasa y la situación no cambia, pueden empezar a surgir los problemas de convivencia. Es lo que le ha pasado a esta familia en la que el padre ha llevado a su hija a los tribunales para que la obliguen a abandonar la casa después de que él se lo pidiera y ella se negara.
Según se recoge en la sentencia del Tribunal Supremo de febrero de 2020, la hija estaba viviendo en Sevilla hasta que en julio del año 2020, tras romper con su pareja, regresó al que había sido el domicilio familiar en el que estaba viviendo su padre. Cuando se instaló en la vivienda, lo hizo como algo temporal, aunque cuando llevaba un año en la casa le dijo a su padre que quería quedarse allí y él aceptó.
El problema fue que, con el paso del tiempo, la relación entre padre e hija fue empeorando, hasta el punto de que, según declaró el hombre, la convivencia terminó convirtiéndose en “una pesadilla”, porque su hija no respetaba sus horarios de descanso, organizaba fiestas y llegaba a casa con amigos a altas horas de la noche. Los enfrentamientos fueron aumentando hasta el punto de que, según explicó, en alguna ocasión fue necesaria la presencia de los Mossos d'Esquadra.
Le pidió que se fuera de casa, pero la hija se negó
Debido a esos problemas de convivencia, el padre le pidió a la hija que se fuera de la casa, pero esta se negó y le dijo que tenía permiso de la madre, que era la otra titular de la vivienda, para quedarse allí durante 10 años.
Los padres llevaban separados desde 2018 y, como tenían dos casas en gananciales, cada uno se había quedado viviendo en una de ellas. Cuando se divorciaron formalmente en 2021, la sentencia no atribuyó expresamente el uso de la casa a ninguno de los dos.
El Juzgado de Primera Instancia dio inicialmente la razón al padre, ordenando a la hija que se fuera de casa, decisión que posteriormente revocó la Audiencia Provincial de Barcelona al considerar que el padre no podía echarla por su cuenta porque la casa seguía perteneciendo a ambos excónyuges y la madre se oponía al desalojo.
El Supremo dice que la madre no podía cederle la vivienda por su cuenta
El caso terminó llegando al Tribunal Supremo, que en su sentencia de 20 de febrero de 2026 (que se puede consultar en este enlace) dio la razón al padre al considerar que, aunque la vivienda seguía perteneciendo a la sociedad de gananciales pendiente de liquidar, los dos excónyuges habían acordado que cada uno usara una vivienda diferente.
Ese reparto de las viviendas se había mantenido durante casi cuatro años sin que ninguno de los dos los cuestionara, por lo que para el Alto Tribunal existía un acuerdo, aunque fuera tácito, para que cada uno tuviera el uso exclusivo de una de las casas.
Por este motivo, la madre no podía decidir que su hija viviera durante diez años en la vivienda que utilizaba el padre, ya que eso suponía alterar el reparto que ambos habían aceptado previamente, y sería ceder “una posesión que no se tiene” e imponer al otro excónyuge compartir su vivienda con una tercera persona.
Esto, sumado a que el padre decidió retirar el permiso para quedarse en la casa y le pidió que se marchase, hacía que la hija no tuviera ningún derecho a seguir viviendo allí y el Supremo ratificó la sentencia de primera instancia, que obligaba a la hija a abandonar la casa.

