Dejar un trabajo estable, un buen sueldo y una carrera profesional para regresar al pueblo y empezar prácticamente de nuevo no es una decisión sencilla. Sin embargo, eso es precisamente lo que hizo Alba de la Cruz, una estepeña de 34 años que cambió la Ingeniería Aeronáutica por la fabricación artesanal de mantecados y polvorones.
Después de estudiar en Sevilla y trabajar durante más de cinco años para una multinacional, Alba decidió regresar a su pueblo, Estepa, y entrar en el negocio que había comenzado su abuelo y que posteriormente continuó su padre.
“Dejé la Ingeniería Aeronáutica y Sevilla porque sentí la necesidad de dedicarme al negocio familiar y no abandonar la pasión por los dulces”, explicó en una entrevista para el programa ‘Los repobladores’, de Canal Sur.
“Yo he venido a ponerle alas a la empresa”
Alba reconoce que los aviones siguen siendo una de sus pasiones. Simplemente apareció algo que pesaba todavía más.
“Yo soy ingeniera aeronáutica, lo que pasa es que no puedo luchar contra el corazón y me he venido al obrador de mi familia”.
Todo comenzó con su abuelo, que elaboraba dulces artesanos como otras muchas familias de Estepa. Cuando su padre recuperó aquellas recetas tradicionales, Alba volvió a conectar con el negocio.
“Los aviones me fascinan, pero los mantecados me corren por las venas. Contra el corazón no puedo luchar. Yo he venido a ponerle alas a la empresa”, resume.
Su hermana Elena siguió un camino parecido. Estudiaba Ingeniería de Telecomunicaciones en Málaga y tenía una oferta de trabajo, pero también terminó regresando al pueblo.
Su padre reconoce que inicialmente no sabía cómo saldría la decisión, aunque asegura que “el empuje de la sangre nueva ha revolucionado la empresa”.
“Volvía a Sevilla llorando”
La idea de regresar tampoco apareció de un día para otro.
Alba cuenta que empezó a planteárselo apenas tres meses después de comenzar a trabajar en aeronáutica y el pensamiento fue creciendo durante años.
“Llevaba cinco años y medio y yo tenía una pregunta en la cabeza: ¿qué hubiera pasado si no lo hubiera intentado?”.
Consideró que era el momento adecuado porque todavía no tenía hijos ni otras cargas familiares. Habló con su pareja y ambos decidieron regresar a Estepa.
Había además una sensación que se repetía cada vez que visitaba a su familia.
“Los domingos, cuando venía con mi familia, yo volvía a Sevilla llorando. Sentía que tenía que estar aquí, que los estaba dejando atrás. Me sentía muy culpable porque mi sitio estaba aquí”.
Finalmente cambió la aeronáutica por un antiguo obrador de mantecados. Y, aunque reconoce que su decisión sorprendió a muchos de sus antiguos compañeros, de momento lo tiene claro: “Lo siento, pero todavía no voy a volver”.

