José Antonio, deja el campo para ser enterrador: "Ya no da para vivir; el campo da fruto, pero el cementerio da paz y estabilidad"

A este ganadero no le queda otra que tener que compaginar dos trabajos para llegar a fin de mes.

José Antonio Herrero Sagrado, ganadero y enterrador del cementerio San Carlos Borromeo de Salamanca |La Gaceta de Salamanca
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Cada vez es más difícil vivir del campo en España, tanto por los costes de producción que tiene como por los bajos salarios que se ganan para el esfuerzo que supone. Como denunciaba un tractorista jubilado, hasta el año pasado conocía tractoristas que ganaban solo 1.000 euros al mes. Y es que estos salarios no llaman la atención de los más jóvenes, que ya de por sí ven el trabajo en el campo muy lejos de sus intereses.

Estas dificultades, sumadas a la falta de relevo generacional, hacen que agricultores y ganaderos tengan que buscar otras formas de ganarse la vida para dejar el campo o para complementarlo como un segundo empleo. Es el caso de José Antonio Herrero Sagrado, un agricultor y ganadero de Ledesma que tuvo que cambiar su vida para poder salir adelante, ya que con el campo no ganaba lo suficiente. Según explica en una entrevista para La Gaceta de Salamanca, la crisis del sector primario le hizo buscar otro sustento y este fue el de enterrador en el cementerio de San Carlos Borromeo.

"Hay que tener estómago" para las reducciones de restos

José Antonio llegó al camposanto municipal gracias a un amigo y fue en un principio solo para cubrir una sustitución por vacaciones, pero finalmente acabó siendo parte de la plantilla. Su jornada laboral se divide entre preparar sepulturas, limpiar los pasillos y realizar reducciones, una tarea de enorme dureza mental. "Nosotros vemos una caja, no el cuerpo, pero cuando toca hacer reducciones y el cuerpo no está descompuesto, eso impresiona más", admite con entereza.

Pese al impacto inicial, afirma que su dilatada experiencia de toda la vida bregando con ganado y herramientas pesadas en el campo le ha curtido: "He estado toda la vida viendo animales, trabajando con la pala... esto no me coge de nuevas", aunque reconoce que "hay que tener estómago".

El relevo generacional y la paz del camposanto

Con el paso del tiempo, el ganadero ya ha hecho que el cementerio sea parte de su rutina, describiéndolo como un espacio único donde conviven "la tristeza y la paz a la vez". Eso sí, para él es una pena que la gente joven ya apenas acuda al cementerio para visitar a los difuntos, en los cuales ve que "ya no tienen la misma mentalidad de antes".

Para José Antonio, llevar la ganadería a la vez que las horas de servicio municipal es la única forma que tiene para salir adelante económicamente, ya que el sector rural ahora apenas da beneficios. Él lo ve con filosofía y resume su vida así: "El campo da fruto y el cementerio da paz".

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