La construcción es uno de esos sectores en los que la falta de relevo generacional y, en definitiva, de gente que quiera trabajar en el mismo es tan patente que hasta muchos se temen que pueda perderse la profesión. Solo en España faltan 700.000 albañiles. Y no solo albañiles, también se necesitan yeseros, pintores, gente para hacer trabajos en altura y otros perfiles relacionados con las reformas en los que los pocos profesionales que quedan dedicándose a ello cada vez se acercan más a la jubilación. Mientras, muchas empresas no consiguen encontrar trabajadores que quieran aprender el oficio.
Bien lo sabe Gonzalo Flores Martín, albañil autónomo de 41 años de Velascálvaro, en Valladolid, que lleva trabajando desde los 16 y que el pasado mes de marzo decidió crear su propia empresa.
En declaraciones a El Español de Castilla y León, Gonzalo explica que actualmente realiza trabajos de albañilería, revestimientos de mortero y yeso, además de pequeñas reformas de viviendas.
De trabajar en una bodega a montar su propia empresa
Su trayectoria laboral comenzó mucho antes de llegar a la construcción.
“Tuve la típica infancia de los niños de entonces en un pueblo. Jugando y en la calle. Éramos felices. Cuando tenía 16 años me puse a trabajar”, recuerda.
Primero estuvo durante los veranos trabajando con máquinas de patatas, después pasó por bodegas embotellando vino y, mientras hacía ese trabajo, empezaron a salirle encargos relacionados con la construcción.
“Cuando trabajaba en la bodega le salían trabajos relacionados con el mundo de la construcción”, recuerda. Hacía fachadas y revestimientos de yeso hasta que, finalmente, decidió centrarse completamente en el sector.
“Desde marzo de 2026 tengo una empresa que se llama Gonzalo Flores. Opté por ponerme de autónomo para no estar de lunes a domingo trabajando”.
Actualmente cuenta también con otro trabajador que le ayuda a completar los encargos que van surgiendo.
“El lío es cuando viene Hacienda”
Los ingresos, según explica, pueden ser buenos.
“Se cobra bien si trabajas, pero es una profesión dura. El lío es cuando viene Hacienda y te quita la mitad de lo que ganas. Cobro entre 3.000 y 4.000 euros al mes y en gastos tengo entre 800 y 1.000”.
Es decir, esas cantidades no equivalen directamente al dinero que acaba quedándose en el bolsillo, ya que como autónomo tiene que afrontar los gastos del negocio, impuestos y el resto de obligaciones asociadas a la actividad.
Más allá del dinero, Gonzalo pone el foco sobre otro problema. “Faltan bastantes profesionales” y, en su opinión, “si la gente joven no quiere adentrarse en este mundo, la profesión desaparecerá”.
Para él, la construcción continúa siendo una buena salida profesional para quien esté dispuesto a aprender y trabajar.
“Si te gusta el sector de la construcción, y el empleo de albañil o yesero, te puedes ganar la vida con ello si eres constante”.
Eso sí, tampoco esconde que se trata de un oficio físicamente exigente. Su mensaje para los jóvenes es bastante directo: “A los jóvenes les diría que trabajen o que estudien. No que estén todo el día sin hacer nada, como muchos”.
Y termina con otra reflexión: “El futuro, si trabajas, es bueno. Si te quedas esperando a las ayudas vas a malvivir”.