El salto a la universidad lleva consigo más responsabilidades y, por ende, requiere más horas de estudio. Tanto para aprobar las distintas pruebas, teóricas y prácticas, como para sacar nota. Ahora, ¿cuántas horas hay que estudiar al día en la universidad? Si bien es cierto que no existe una respuesta exacta, pues depende de distintos factores, varios informes han profundizado en ello, estableciendo una media recomendada.
Uno de esos informes es ‘How to Study’, de Robert Hatch, profesor de la Universidad de Florida, que recoge la regla de tres por uno (3:1). Esta exige tres horas de estudio independiente por cada hora de clase presencial. Sin embargo, en el ámbito universitario global, se recomienda más la regla de dos por uno (2:1), por ser más equilibrada.
Ponemos un ejemplo para entenderlo, con el caso de un estudiante que está matriculado de 6 asignaturas, que equivalen a unas 18 horas de clase semanales. Según la regla del dos por uno, este alumno debe dedicar un mínimo de dos horas de estudio independiente por cada hora que pasa en el aula. Esas 18 horas lectivas multiplicadas por dos se traducen en 36 horas semanales de estudio en casa, por su cuenta.
Si sumamos esas horas de estudio con las clases presenciales en la universidad, el total asciende a 54 horas a la semana. Una cifra que demuestra que, para destacar en la universidad, se requiere compromiso. Según estos estándares, se aconseja dedicar entre 5 y 7 horas al día (de lunes a viernes) al estudio.
La metodología es igual de importante
A pesar de lo anterior, acumular horas frente a los apuntes no vale de nada si no se acompaña de una metodología adecuada. De hecho, varias investigaciones en psicología educativa sugieren que el rendimiento real está más ligado a la constancia y a la autonomía que a la cantidad de tiempo.
Entre ellos está un análisis realizado en estudiantes españoles que se publicó en el Journal of Educational Psychology, que demostró que en etapas previas a la universidad, el tiempo óptimo diario de estudio independiente es de solo una hora al día, ya que a partir de ese umbral el rendimiento académico tiende a decaer. Según este estudio, la diferencia en las calificaciones no la marca el número de horas que se pasa sentado, sino la capacidad de estudiar de manera autónoma, sin ayuda externa, y la regularidad con la que se repasan y asimilan los conceptos.
Así, para rendir realmente en esas 4 o 5 horas diarias de estudio que aconseja Hatch, y estas no se conviertan en tiempo perdido, conviene integrar el estudio como la actividad central del día mediante dos técnicas muy sencillas de aplicar:
- Fichas de estudio: crear una ficha de resumen por cada capítulo o tema de estudio. La clave no es transcribir el texto completo, sino escribir conceptos clave, preguntas de repaso y analizar cómo se conecta cada lectura con las clases del profesor. Estas fichas, como se pueden llevar a todas partes, permiten repasar de forma activa en cualquier momento muerto del día: en el autobús, en la biblioteca o mientras se espera entre clases.
- Grupos de estudio: crear un grupo de 5 o 6 compañeros puede multiplicar el aprendizaje, pero tiene que haber un orden para que no se conviertan en encuentros improductivos. Para que funcionen, el grupo debe reunirse con un límite de tiempo fijo (por ejemplo, dos horas) y un buen ejercicio que se puede hacer a la semana es que cada miembro redacte una posible pregunta de examen para que los demás la respondan.
Otro hábito clave para llevar la asignatura al día es pasar a limpio y organizar los apuntes el mismo día de la clase, y dedicar al menos una tarde o mañana del fin de semana a un repaso completo de todas las asignaturas.