Comprar un kilo de gambas no significa necesariamente que todo ese peso corresponda al propio marisco. Al menos así lo denuncia José María Sánchez, pescadero, que ha querido demostrar cuánto pueden aumentar de peso las gambas mientras permanecen entre hielo y agua durante su conservación.
“Te están cobrando el agua a precio del marisco”, asegura Sánchez en un vídeo publicado en su canal de TikTok (@naveganteofficial).
Para demostrarlo, hace un experimento bastante fácil, que se basa en pesar 1,5 kilos de gambas, después las deja durante unas seis o siete horas en una mezcla de agua y nieve y después vuelve a ponerlas sobre la báscula.
1,5 kilos de gambas terminan pesando 100 gramos más
Sánchez explica que, “el marisco, una vez pescado, se selecciona y se mete en cajas con un poco de hielo para que no se estropee” antes de llegar a la lonja. “Después se subasta como está, es decir, en seco”. Y tras esto lanza una pregunta: “¿Por qué al cliente final le llega en agua y nieve?
Aquí está la clave, y es que el hielo se va derritiendo y crea una mezcla de agua y nieve en la que las gambas pueden conservarse durante horas.
Pues bien, después de dejar los 1,5 kilos de gambas durante seis o siete horas en unas condiciones similares, el pescadero las escurre y vuelve a pesarlas.
El resultado que muestra es que ahora pesan 100 gramos más. Parece poco, pero cuando ya se empieza a contar el precio por kilo, la cosa cambia y esto puede dar mucho beneficio a los que venden gambas en sus puestos.
“Si la gamba está a 30 euros, te están vendiendo 3 euritos de agua”
El pescadero pone un ejemplo para entenderlo mejor. “Si la gamba está a 30 euros, te están vendiendo 3 euritos de agua”.
Esos 100 gramos extra serían igual que el 10% de un kilo. Y cuanto más caro sea el producto, mayor puede ser la cantidad de dinero asociada a ese peso.
El pescadero pone como ejemplo la gamba roja, que puede llegar a alcanzar los 200 euros por kilo. En ese caso, 100 gramos representarían unos 20 euros.
Ahora bien, el propio proceso de conservación necesita hielo para mantener fresco el producto durante su transporte. Por eso, la cuestión que plantea Sánchez no es simplemente que exista agua, sino cuánto peso puede acabar incorporando el marisco antes de llegar al consumidor.
Su demostración tampoco implica que todas las gambas comercializadas ganen exactamente ese peso ni que todos los vendedores realicen la misma práctica.
Lo que sí pone encima de la mesa es una pregunta que poca gente se hace en realidad cuando compra marisco, y no es otra cosa que cuánto de lo que está pagando se corresponde en realidad con el producto en sí y cuánto al agua que se queda ahí tras el proceso antes explicado.