Saber un segundo idioma sigue abriendo muchas puertas a la hora de buscar trabajo. Ahora, su uso real no siempre coincide con los requisitos del puesto. Según una encuesta de Randstad, realizada a casi 5.700 profesionales, el 38,8% de los trabajadores españoles (casi cuatro de cada diez) afirma que le exigieron un segundo idioma durante el proceso de selección que luego no utilizan en su día a día.
Además, el 9,8% declara no haberlo usado aún, aunque podría llegar a utilizarlo. De ese modo, casi la mitad de los trabajadores (el 48,6%) reconoce que tiene conocimientos de idiomas que luego no llega a aplicar en la práctica. El 51,4% restante engloba tanto a quienes no tuvieron que acreditar ningún idioma como a quienes sí lo acreditaron y sí lo usan en el día a día de su puesto.
A pesar de ello, el conocimiento de idiomas se percibe ampliamente como una ventaja para acceder al empleo en España. El 88,9% de los profesionales encuestados considera que saber más de una lengua mejora las posibilidades de encontrar empleo. En concreto, un 59,0% cree que ayuda “mucho” y otro 29,9% que ayuda “algo”. Apenas un 8,7% opina que influye “poco” y solo un 2,4% considera que no influye en “nada”.
Esta creencia no presenta diferencias por género. El 88,8% de los hombres y el 89,1% de las mujeres confían en el valor de los idiomas para aumentar sus posibilidades a la hora de buscar empleo. Tampoco hay diferencias en la práctica, una vez conseguido el empleo: el 39,1% de los hombres y el 38,5% de las mujeres afirman que se les exigió un idioma que después no han utilizado en su puesto de trabajo.
A más formación, más se exige el requisito de idiomas
Randstad, a través de los datos recopilados, apunta a una relación clara entre el nivel formativo y la exigencia de idiomas que posteriormente no son requeridos. Así, el 63,3% de los trabajadores con postgrado, máster o doctorado afirma que tuvo que acreditar un idioma para ser contratado y que no lo ha utilizado en su posterior jornada laboral. Entre quienes cuentan con estudios universitarios de grado, el porcentaje baja hasta el 50,0%.
La proporción desciende al 34,6% entre las personas con Bachillerato o Formación Profesional y al 21,2% entre aquellas con Educación Secundaria Obligatoria o Primaria. Los datos, esta vez, muestran una diferencia según el nivel formativo: cuanto mayor es la cualificación académica, mayor es también el porcentaje de profesionales a los que se exige acreditar un idioma.
Analizándolo por edades, el grupo de 25 a 44 años lidera con un 44,9% que señala haber vivido este sesgo (la exigencia de idiomas que luego no utilizan en su trabajo). Este porcentaje desciende al 34,9% en el tramo de 18 a 24 años y se sitúa en un 34,8% entre los mayores de 45 años. No obstante, son estos últimos quienes muestran una mayor confianza en el conocimiento de los idiomas: el 60,6% sostiene que dominar más de un idioma incrementa “mucho” las oportunidades laborales.
Las comunidades con mayor incidencia
En el análisis por comunidades autónomas también se ven diferencias en la proporción de trabajadores a los que se exigió un idioma durante el proceso de selección y que posteriormente no lo utilizaron, siendo Cataluña, la Comunidad de Madrid, Andalucía y la Comunidad Valenciana los territorios con mayor incidencia.
Cataluña registra la tasa más elevada, ya que el 45% de sus trabajadores tuvo que acreditar un idioma que no le ha sido requerido en su puesto. Le sigue la Comunidad de Madrid, con un 43,7%; Andalucía, con un 43,3%; y Comunidad Valenciana, con un 40,2%.
A pesar de esta falta de uso, la confianza en el valor de los idiomas para encontrar empleo supera el 80% en todas las comunidades analizadas. Canarias encabeza este indicador con un 93,8%, seguida de la Comunidad Valenciana (91,3%) y Navarra (90,6%). En el lado opuesto de la clasificación, Castilla y León registra la menor incidencia de idiomas exigidos que posteriormente no se utilizan (27,7%), seguida de Navarra (28,2%), Galicia (32,4%) y Castilla-La Mancha (32,5%).

