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Le roban las claves y le vacían los 30.000 euros que tenía ahorrados en su cuenta: consigue que se los devuelvan porque el banco no hizo nada para evitarlo

La mujer había entrado en una página falsa de su banco sin darse cuenta y los estafadores consiguieron retirar todos sus ahorros sin que la entidad le avisara de los movimientos sospechosos.

Una persona entrando en su aplicación de banca online
Una persona entrando en su aplicación de banca online |Envato
Lucía Rodríguez Ayala
Fecha de actualización:

Descubrir que alguien ha entrado en tu cuenta bancaria y se ha llevado todos tus ahorros es una situación que nadie espera vivir, especialmente cuando el dinero desaparece sin que el banco avise de que está ocurriendo algo extraño y estás de viaje en un país extranjero. Esta fue la experiencia de una joven australiana de 26 años que vio cómo le vaciaban la cuenta y perdía los 30.000 euros que tenía ahorrados, después de que unos estafadores le robaran sus claves bancarias.

La joven estaba de viaje por El Salvador en 2024 cuando descubrió que prácticamente todo el dinero que tenía en su cuenta del banco ING había desaparecido. Según explican desde ABC News, previamente había tenido problemas para acceder a la aplicación bancaria y, sin darse cuenta, entró en una página falsa a través de un enlace que recibió por SMS, donde introdujo todos sus datos.

Después de descubrir la estafa, puso una reclamación en el banco para que le devolvieran el dinero, pero la entidad rechazó hacerse responsable de lo ocurrido, por lo que acudió al organismo encargado de resolver las reclamaciones financieras en Australia. Finalmente, después de 18 meses de reclamaciones, consiguió que ING tuviera que devolverle todos sus ahorros y pagarle una indemnización.

Los estafadores le vaciaron la cuenta después de conseguir sus claves bancarias

Por lo que explicó la afectada, como estaba teniendo problemas para acceder a la aplicación, entró a la web a través de un enlace que le había llegado por mensaje, sin saber que en realidad estaba facilitando sus claves a unos estafadores.

En apenas 48 horas, los delincuentes habían cambiado sus datos de contacto, abierto una cuenta conjunta a su nombre y aumentado el límite de transferencias de 5.000 dólares australianos (unos 3.130 euros) a más de 20.000 dólares australianos (unos 12.525 euros), sin que el banco llegara a hablar con ella para comprobar qué estaba ocurriendo.

Cuando revisó su cuenta, descubrió que todo su dinero había desaparecido y tan solo le quedaban 39 centavos de dólar australiano (unos 24 céntimos de euro).

“Revisé mi cuenta de ahorros y estaba completamente vacía”, explicó la joven, que aseguró que nunca había imaginado que pudiera ser víctima de una estafa de este tipo.

Además, la situación se complicó porque se encontraba en el extranjero y apenas tenía dinero para terminar su viaje. Por suerte, ya había comprado los billetes para regresar a Australia, aunque cuando llegó a casa prácticamente no le quedaba nada y tuvo que empezar de cero.

El banco tendrá que devolverle los 30.000 euros y pagarle una indemnización

Una de las principales quejas de la joven es que ING se negó durante meses a asumir su responsabilidad, a pesar de que los estafadores habían conseguido modificar sus datos personales y retirar todos sus ahorros sin que nadie comprobara su identidad.

La Autoridad Australiana de Quejas Financieras (AFCA), terminó dándole la razón porque el banco no había conseguido demostrar que la mujer hubiera facilitado voluntariamente sus claves a los delincuentes ni que hubiera actuado con una negligencia grave al proteger sus datos bancarios.

Además, consideró que la entidad había provocado a la afectada estrés y molestias por la falta de información sobre cómo avanzaban sus reclamaciones y las gestiones para recuperar el dinero.

Por este motivo, obligaron a ING a devolverle el dinero y, además, pagarle una indemnización, cuyo importe no se ha concretado.

Desde el banco reconocieron posteriormente que la comunicación con la clienta no había sido adecuada y que deberían haber actuado de otra manera, por lo que pidieron disculpas.

La joven, que ya no es clienta de ING, aseguró que lo ocurrido le había hecho preocuparse especialmente por las personas mayores o con menos conocimientos digitales, que pueden tener todavía más dificultades para detectar estas estafas.