Horas extra no pagadas, un salario que no se corresponde con la responsabilidad que realmente se tiene en la empresa, mal ambiente laboral, falta de reconocimiento, sobrecarga de tareas… Son muchas las razones por las que una persona puede sentirse quemada laboralmente. Y, aunque siempre se pone el foco en el trabajo en sí, parte de la culpa la tiene también el trabajador. Y es que en su mano tiene el poder, al menos, de desconectar cuando sale por la puerta.
Lena Ruiz, una joven que lleva desde los 23 años trabajando en el mundo corporativo, ha realizado una serie de vídeos en su cuenta de Instagram dedicada a cómo descentralizar el trabajo de tu vida, basándose en su propia experiencia. En este sentido cuenta que, cuando empezó a trabajar en una multinacional, se encontró en un ambiente que “tenían una visión muy absorbente del trabajo”, contando que “básicamente vivían para trabajar”.
En ese momento, relata que era tan joven e insegura que intentó encajar en ese modelo, lo que le llevó a una crisis laboral que ha sufrido gran parte de su veintena. “El trabajo se estaba comiendo mi vitalidad, mi vida social, mi autoestima y mi juventud. Literalmente se estaba comiendo mi vida entera”. Con los años se ha dado cuenta de una verdad que puede resultar incómoda: “el problema no era el trabajo, era claramente yo. Era la relación que yo había construido con mi ‘yo laboral’”, explicando que estaba completamente fusionado con su ‘yo personal’.
“No tenía claro dónde empezaba mi identidad y dónde empezaba mi puesto de trabajo”, afirma en su cuenta de Instagram (@lennaruiz), explicando que si estaba pasando una mala racha en la empresa, lo veía como que su vida entera iba mal. Hasta que hizo click. El primer paso, cuenta ahora, es “romper la relación tóxica con tu ‘yo laboral’” y delimitar “hasta dónde llega”, para no dejar “que se coma quién eres de verdad”.
“Lo que te pasa en el trabajo no puede decidir cuánto vales, cómo te sientes contigo misma y convertir una mala época en el trabajo en una mala vida”
Es la primera lección de Lena, quien aclara que nuestra profesión o nuestro empleo es solo una parte de nosotros, no nuestra identidad entera. Por ello, de estar en una situación así, hay que saber quitar espacio al ‘yo laboral’ y nutrir al ‘yo personal’.
“Si cuando sales de la oficina lo único que haces es quejarte de lo poco que te gusta tu trabajo, no trabajas 8 horas al día: trabajas 24 y por eso estás quemada. Porque odiar muchísimo tu trabajo también es una forma de convertirlo en el centro de tu vida y de que sea el protagonista”, reitera en un segundo vídeo, manifestando que, las horas libres que se tengan, que suelen ser pocas, hay que “invertirlas sabiamente”.
Para ello, cuando se nos venga a la mente un problema del trabajo o algo relacionado con el mismo, debemos preguntarnos si es realmente necesario o se está haciendo “horas extra mentales que nadie me va a pagar”. “Pensar constantemente en tu crisis laboral es lo que hace que no puedas salir de ella”, manifiesta.
Aprovechar nuestra “vida variable”
Lena Ruiz, en una tercera parte de esta serie de vídeos, afirma que otro error es crearnos expectativas de que las 24 horas del día son nuestras. “No lo son, porque las has vendido a tu empresa”, añade, explicando que debemos aceptar que, 8 horas diarias, vamos a estar trabajando. Eso permite gestionar nuestra vida sin frustraciones, diferenciando entre “la vida fija y la vida variable”.
La “vida fija” es aquella que no podemos controlar. Por ejemplo, si trabajamos de 08:00 a 16:30 horas, ese periodo no es nuestro. “Ese es el trozo de vida al que ya no puedes acceder para tus sueños, tus pasiones y tus ambiciones, olvídate de él”, afirma la misma. Lo bueno, agrega, es que esta la “vida variable”, que es aquella que sí podemos controlar y se corresponde al tiempo que nos queda después de trabajar y dormir.
“Tus sueños tienen que caber en esas horas”, declara, advirtiendo de que hay un problema cuando se está en plena crisis laboral: “Quiero que te hagas una pregunta: si en tu día quitas las horas de vida fija, ¿qué te queda? Porque cuando estás en plena crisis laboral, muchas veces la respuesta es... nada. Llegar a casa, descansar, hacer scroll, quejarte del trabajo, sobrevivir hasta el fin de semana... Y sin darte cuenta, tu vida variable, que es la única vida que tienes para ti, se ha convertido en un espacio en blanco entre jornada y jornada”.
Ahí es cuando aparece la frustración y solo se puede corregir si se empiezan a hacer cosas en la “vida variable”. “Asegúrate de que no está vacía”, concluye.