La Ley General de la Seguridad Social permite trabajar después de jubilarse a través de la jubilación flexible o la activa. Pepe Luna, nacido en 1946 y con casi 70 años de oficio, se jubiló y tiempo después volvió a darse de alta, porque no quería seguir yendo cada día a la empresa sin estar trabajando.
Esa nueva etapa de volver a la vida laboral la ha contado en el episodio 71 de Sector Oficios Podcast. Este jubilado nació en una aldea de Córdoba y de niño se fue a vivir a un pueblo de Badajoz, donde su padre, carpintero, le buscó un maestro pintor con 10 años. “Mi madre decía que no, que tenía que ir a la escuela”, recuerda, pero su padre prefirió que aprendiera un oficio.
Con 14 años llegó con su familia a Valencia, donde trasladaron a su padre para la obra del pantano de Tous. Allí, en uno de sus primeros trabajos, le pagaron 275 pesetas, más de las 250 que cobraba su padre en el pantano. “He cobrado más que el papá”, le dijo a su madre al llegar a casa.
“Teníamos 36 hombres pintando”
Con 17 años se quedó sin trabajo y empezó por su cuenta con un compañero de 16, pintando habitaciones y cocinas. “Poco a poco, pues, con 26 años teníamos 36 hombres pintando”, explica. Fueron socios 20 años, hasta que su compañero murió en un accidente, y durante 17 de ellos lo fueron “de palabra”, porque “no había ni un simple documento que dijera que éramos socios”.
Pepe insiste en que todos sus trabajadores estuvieron siempre dados de alta, cuando en el oficio había muchos pintores sin asegurar. Eso les permitió trabajar en fábricas, cines y colegios de frailes y de monjas, que pedían la cotización a la Seguridad Social. “Muchas veces te decían: ‘Tú estás tonto, ¿por qué pagas tanto de seguro?’”, recuerda. Uno de aquellos pintores se jubiló con 65 años después de 40 trabajando con él.
Años después compraron la fábrica Blatem, con la que, dice, conoció la pintura “por fuera y por dentro”. Cuando murió su socio, quedaron alrededor de 40 millones de pesetas por cobrar a clientes que “ponían excusas”, y no había forma de demostrar lo acordado.
“Jubilado no estoy”
Tras jubilarse, seguía yendo cada día a las instalaciones de la empresa y decidió volver a darse de alta: “Yo no podía estar viniendo aquí sin estar trabajando, sin estar dado de alta y entonces me di de alta”.
Pepe seguirá dado de alta “hasta que pueda estar viniendo”. Para él, disfrutar del trabajo “es todo mentalmente”: “El que está mirando el reloj pensando que le quedan dos horas es igual que estar en la cárcel”, finaliza.

