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Mario, 23 años, dejó Valencia para abrir un bar en un pueblo de menos de 100 vecinos: “El éxito es no tener que irme”

Después de trabajar durante dos años como camarero en Valencia, se fue a Valdemoro-Sierra, en Cuenca, donde consiguió tener su propio negocio y que le ofrecieran trabajo casi desde el primer momento.

Mario en su bar y la fachada del bar
Mario en su bar y la fachada del bar |Diputación Provincial de Cuenca
Antonio Montoya
Fecha de actualización:

Con apenas 23 añosMario Pérez decidió cambiar Valencia por Valdemoro-Sierra, un pequeño pueblo de la Serranía de Cuenca con menos de 100 habitantes, donde ha conseguido algo que veía prácticamente imposible en una gran ciudad: tener su propio negocio y plantearse un futuro sin que los elevados costes sean un obstáculo desde el principio.

Antes de irse allí, ya había trabajado durante dos años como camarero en Valencia. En 2023 llegó a este municipio conquense y acabó poniéndose al frente del Bar Haro. Según cuenta en un vídeo publicado por la Diputación de Cuenca, una de las principales diferencias que encontró fue precisamente el coste de emprender.

“Ahora tengo mi propio local, algo impensable en la ciudad”, explica. Según sus cálculos, alquilar un establecimiento similar en Valencia podría costarle diez veces más, mientras que una vivienda equivalente tendría un alquiler unas cinco veces superior. Es lo que desde UATAE denuncian como el “doble alquiler” al que están condenados muchos autónomos y que les hace más difícil, si cabe, emprender o mantener sus negocios.

“La vida es más barata”

Para Mario, vivir en un pueblo no supone únicamente pagar menos por una vivienda o por un local. También considera que le permite disponer de un margen económico diferente de cara al futuro. “La vida es más barata y te da un margen de mejora a largo plazo mucho mayor”, sostiene.

Frente a la cantidad de alternativas que puede ofrecer una gran ciudad, recuerda que muchas de ellas también implican gastar más dinero. “En la ciudad puede haber de todo, pero siempre con el billete por delante”.

A ello suma la relación con los vecinos. Mario asegura que ha encontrado una red de personas dispuestas a ayudarle cuando lo necesita y que él intenta responder de la misma forma.

“Desde que yo he pisado el pueblo me han ofrecido trabajo”

Su experiencia también rompe con la idea de que para encontrar oportunidades laborales hay que abandonar los pueblos. “Desde que yo he pisado el pueblo me han ofrecido trabajo”, asegura. El problema que observa es precisamente el contrario: faltan jóvenes dispuestos a instalarse y ocupar los puestos que dejan las generaciones de mayor edad.

“Faltan chicos de mi edad que quieran venir a ganarse la vida aquí”, explica Mario, que ve en esa falta de relevo una oportunidad para quienes estén dispuestos a cambiar la ciudad por un entorno rural y desarrollar allí un oficio o un pequeño negocio.

De hecho, su objetivo no pasa por crecer indefinidamente ni por abrir más establecimientos. Su forma de medir si la decisión ha salido bien es mucho más sencilla: “Siempre diré que para mí el éxito es que no me tenga que ir del pueblo”.