Iker y Jaime Sánchez tienen 24 y 19 años y tuvieron que tomar una decisión muy valiente para su corta edad, como fue la de apostar por Belinchón, un pequeño municipio de Cuenca de unos 450 habitantes, recuperando uno de los establecimientos más conocidos del pueblo y con más historia allí. Los dos hermanos consiguieron reabrir el bar La Parroquia después de apenas 15 días de trabajo contra reloj.
La idea llevaba tiempo rondando la cabeza de Iker, que había pasado varios años fuera del municipio por sus estudios. Cuando en mayo de 2026 supo que uno de los bares del pueblo iba a quedar disponible, terminó planteándoselo a su hermano. “¿Por qué no lo hacemos?”, se preguntaron.
“No tenemos nada que perder”, pensó Iker. El objetivo era conseguir que estuviera preparado antes del verano, cuando la población de Belinchón aumenta con la llegada de familiares y vecinos que pasan el resto del año fuera.
Finalmente, fueron “15 días a fondo y contra el reloj” hasta que, el 18 de julio, La Parroquia volvió a abrir sus puertas.
“Hacía diez años que no veía tanto movimiento”
La respuesta de los vecinos no tardó en llegar. “Es gratificante, me siento realizado”, explica Iker, que recuerda cómo uno de los clientes llegó a decirle que hacía diez años que no veía tanto movimiento en el pueblo.
Los hermanos han intentado adaptar el negocio a quienes viven allí. La oferta de comida cambia y también preparan platos pensando especialmente en los vecinos de mayor edad.
Pero La Parroquia también quiere servir como punto de encuentro para los jóvenes. Durante agosto organizaron fiestas, tardeos, música y sesiones con DJ.
“Trajimos música y DJ para los jóvenes, que hasta hace poco tenían que salir de la aldea para disfrutar de algo así. Nos lo agradecen y eso me llena de orgullo”, cuenta Iker.
“Nos gusta vivir aquí”
La decisión de abrir el bar también está relacionada con las ganas de volver. Iker llevaba siete años fuera de Belinchón desde que comenzó a estudiar Ingeniería Agrícola, pero asegura que nunca perdió el deseo de regresar.
“Adoro estar aquí”, afirma. Y, pese a reconocer las dificultades que puede tener vivir en una localidad pequeña, tiene claro dónde quiere desarrollar su futuro.
“Nos gusta vivir aquí y prestar un servicio a la aldea, que es lo que necesita”, explica.
La Parroquia se ha convertido así en algo más que un negocio. Para los hermanos también supone recuperar un espacio de convivencia en un municipio donde mantener abiertos este tipo de servicios ayuda a conservar la vida diaria. El proyecto contó además con asesoramiento del programa Invierte en Cuenca, impulsado por CEOE-CEPYME Cuenca.
Después de años fuera, Iker ha vuelto a casa y, junto a Jaime, intenta que otros tengan también un motivo más para quedarse.