George Petrica, soldador: "Este trabajo debería valorarse más porque te la juegas para acabar cobrando apenas 1.200 euros al mes"

Entre otras cosas, este trabajador denuncia la falta de relevo generacional que vive su oficio y lo poco que cobran incluso aquellos con más experiencia.

George Petrica, soldador: "Este trabajo debería valorarse más porque te la juegas para acabar cobrando apenas 1.200 euros al mes" |La Vanguardia
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Los oficios ‘de toda la vida’, tales como el de albañil, fontanero o electricista por ejemplo, tienen una gran falta de mano de obra en España, ya que los jóvenes prefieren otros trabajos más relacionados con las nuevas tecnologías. Solo hay que ver que faltan 700.000 albañiles en nuestro país.

Otro de los oficios que viene sufriendo esta falta de relevo generacional desde hace tiempo es el de soldador o el de carpintero metálico. Algo que el dueño de un taller atribuye a la poca paciencia de los jóvenes, que quieren empezar cobrando como un profesional con años de experiencia y no esperan a aprender más para ir mejorando sus condiciones poco a poco.

George Petrica es un soldador con más de una década de experiencia que, según explicó en una entrevista para La Vanguardia, sabe lo difícil que lo tienen estos trabajadores para crecer, especialmente en sectores como el ferroviario o el de las naves industriales.

Pulmones llenos de óxido y polvo metálico por convenios obsoletos

El día a día del soldador destaca por la exigencia física a la que están sometidos en sus puestos y los riesgos para la salud que, según George, no están compensados en la nómina. "Sales negro de polvo y óxido, respiras humos metálicos y estás expuesto a chispas, herramientas y estructuras pesadas", relata con crudeza el profesional, ilustrando el desgaste del oficio: "Muchas veces terminas la jornada y cuando te duchas sale óxido del cuerpo".

Además, según él, los convenios de la siderometalurgia llevan ya sin actualizarse más de 12 años y hacen que por ejemplo un soldador principiante cobre apenas 1.200 o 1.300 euros al mes. Además, cree que hay poca motivación para seguir ya que con el tiempo los sueldos tampoco suben tanto en realidad. "Un peón puede cobrar alrededor de 1.200 euros y un oficial que lleva veinte años en el oficio apenas gana algo más", admite.

La falta de paciencia de las nuevas generaciones

Como decíamos al principio, la falta de personal se debe muchas veces a la poca paciencia que tienen los jóvenes cuando empiezan a trabajar. George critica que muchos opositores o estudiantes de Formación Profesional (FP) "se queman porque quieren ir demasiado rápido", esperando soldar de inmediato sin pasar por el aprendizaje básico. En su experiencia, un peón que todavía está aprendiendo debe empezar cortando tubos, ordenando material o preparando herramientas: "Todo eso forma parte del aprendizaje, pero hay gente que no tiene paciencia para pasar por ese proceso y lo acaba dejando".

Eso sí, por más que venga la inteligencia artificial a arrasarlo todo, George asegura que la soldadura a pie de obra no sufrirá la automatización: si bien en una fábrica todo se puede robotizar, en la construcción "cada trabajo es distinto" y requiere la versatilidad de la mente humana. "Me gusta mucho este oficio y estoy convencido de que voy a dedicarme a esto toda mi vida", dice con toda la seguridad.

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