Un negocio que abre todos los días, funciona prácticamente solo y apenas necesita media hora de trabajo diario puede parecer, a primera vista, una fuente sencilla de ingresos. Pero detrás de una lavandería autoservicio también hay máquinas que cuestan miles de euros, alquiler, jabón, electricidad, gas y una inversión que puede tardar años en recuperarse.
Ese es el caso de Mark, propietario de una lavandería autoservicio en un pequeño municipio de Castellón, que decidió abrirla después de comprobar que no existía ninguna en el pueblo.
Lo ha explicado en una entrevista en el canal de YouTube de 'Eric Ponce', donde ha detallado prácticamente todos los números de un negocio de máquinas de lavado, desde la inversión inicial hasta lo que factura en verano e invierno.
“Buscaba un negocio que no requiriera estar mucho rato allí presente”, explica.
60.000 euros solo en las máquinas
Su día a día es bastante sencillo cuando no aparecen incidencias.
“Media horita a limpiar y recaudar y ya está”, asegura. En total calcula que dedica unas dos o tres horas semanales a la lavandería, además de realizar los pedidos de jabón cada varios meses.
Pero llegar hasta ahí no fue barato.
Instaló cuatro lavadoras y tres secadoras, con una inversión de 60.000 euros únicamente en maquinaria. Después gastó otros 15.000 euros en reformar el local y alrededor de 5.000 euros más en la instalación de gas.
Es decir, cerca de 80.000 euros antes de empezar a funcionar, una cifra similar a la recogida en otras informaciones sobre su negocio.
Además, tuvo un contratiempo importante: el gas tardó seis meses en estar listo.
“Esos seis meses yo estuve palmando el dinero del alquiler porque me encantaba el local y no quería que me lo quitara nadie”.
“No vas a hacerte rico”
La facturación cambia mucho dependiendo de la época. Mark explica que en verano puede ingresar unos 1.900 o 2.000 euros mensuales, mientras que sus mejores meses llegan a rondar los 4.000.
El invierno funciona mejor porque se utilizan más las secadoras y los clientes llevan prendas más voluminosas, como mantas o edredones.
Ahora bien, facturar no significa ganar esa cantidad.
Solo en jabón llegó a gastar unos 7.000 euros al año. A ello hay que sumar aproximadamente 357 euros de alquiler mensual, electricidad, gas y una cuota de unos 550 euros por el préstamo.
Durante su primer ejercicio calcula que obtuvo alrededor de 3.000 euros de beneficio, una rentabilidad cercana al 3,75%, aunque confía en elevarla hasta el 5% o 6%.
Por eso calcula que necesitará “unos siete u ocho años” para recuperar la inversión inicial.
Y precisamente ahí introduce el matiz más importante para quien vea este tipo de establecimientos como un negocio completamente pasivo.
“No te lo tienes que coger como un negocio principal, sino como un negocio aparte con el que ganas algo”, explica.
Porque requiere poco tiempo, sí, pero bastante capital.
“No vas a hacerte rico ni a ganar mucho dinero. Es más prestar un servicio y sacar un extra todos los meses”.
Aun así, volvería a hacerlo. La razón es sencilla: puede mantenerlo como negocio paralelo mientras dedica su tiempo a otros proyectos.