Seguir

Fran (47), apicultor, tiene 400 colmenas de abejas: “Creo que estos oficios van a desaparecer. La juventud no quiere ser apicultor”

Dejó un trabajo de 20 años como jefe de obra para dedicarse a las abejas y ahora tiene colmenas repartidas por Valladolid, Palencia y Zamora.

Fran trabajando en las colmenas
Fran (47), apicultor, tiene 400 colmenas de abejas: “Creo que estos oficios van a desaparecer. La juventud no quiere ser apicultor” |El Español
Antonio Montoya
Fecha de actualización:

Dejar un trabajo estable después de 20 años para empezar prácticamente de cero en otro sector totalmente diferente no es una decisión fácil. Pero Francisco José González, también conocido como Fran, tenía claro que quería dedicarse al campo y a los animales, que es lo que realmente quería hacer desde que era niño. El trabajo en el campo no es algo que todo el mundo quiere precisamente, ya que tal y como asegura Antonio, tractorista jubilado, "el campo ya no tiene relevo” debido a que los jóvenes prefieren otro tipo de empleos.

Este vallisoletano de 47 años dejó su puesto como jefe de obra de instalaciones después de 20 años para centrarse en la apicultura. Uno de esos oficios que se está perdiendo, como el de cabrero o pastor de ovejas. Empezó en 2016 y, desde febrero de 2020, se dedica de forma profesional y exclusiva a una actividad de la que asegura que actualmente puede vivir. Algo que no es fácil hoy en día, ya que una de las cosas que ‘echa para atrás’ a muchos jóvenes que quieren dedicarse al campo es la inversión inicial y los altos costes. Por más que el Ministerio de Agricultura y Pesca intenta sacar adelante ayudas para los jóvenes agricultores y ganaderos, como la PAC, aún no es suficiente para muchos otros.

Ahora Fran tiene unas 400 colmenas repartidas entre Valladolid, Palencia y Zamora y vende la miel bajo su propia marca, Mielegante, que creó en Torrelobatón. “Desde hace seis años y, a día de hoy, vivo de esto. Vendo mi propia miel natural a precios que van de los 10 a los 12 euros”, explica para una entrevista con El Español.

“Todo pasa por mí”

Fran empezó sin haber trabajado nunca en el sector de la apicultura ni nada relacionado, por lo que tuvo que ir poco a poco creciendo y aumentando su explotación desde cero prácticamente. Actualmente tiene alrededor de 15 colmenares y él mismo se ocupa prácticamente de todo el proceso.

“Toda la miel que produzco es de mis explotaciones. Voy por los colmenares, recojo la miel y la envaso en Torrelobatón bajo la marca de Mielegante”, explica.

En la nave dispone de una zona para extraer la miel, otra para envasarla y etiquetarla y un espacio donde almacena el producto terminado.

Además, no trabaja únicamente con una variedad. Produce miel de flores, lavanda, castaño y brezo, además de pequeñas cantidades de miel batida. También comercializa miel en panal y licor de miel y apuesta especialmente por la venta directa y pequeños comercios.

“Todo pasa por mí. El beneficio que da es para mí”, señala.

Eso sí, vivir de ello no significa que todo sean beneficios. Fran explica que el negocio le permite “comer y darse cuatro caprichos”, pero tiene que asumir gastos de gasóleo, la nave, los tarros, las etiquetas, las propias colmenas y el material necesario para reproducirlas. Todo ello supone, según reconoce, un “gran desembolso”.

“Son trabajos muy sacrificados con una rentabilidad básica”

A las inversiones se suman otros problemas sobre los que el apicultor tiene muy poco control. La climatología es uno de ellos.

Fran explica que necesita lluvias en primavera y también algo de agua durante el verano. Además, pueden morir colmenas y existen problemas relacionados con el precio de la miel o plagas y animales que afectan a otros profesionales.

A pesar de todo, dice que está haciendo lo que le gusta. Para él, la apicultura es casi un “hobby”, aunque reconoce que requiere muchas horas.

Su preocupación está más bien en quién hará este trabajo en el futuro.

“Creo que estos oficios van a desaparecer. La juventud no quiere ser apicultor, por ejemplo. Son trabajos muy sacrificados con una rentabilidad básica. Con el tiempo, pasará a la historia”, asegura.

Él, por ahora, no busca grandes cambios. Su objetivo es simplemente continuar como hasta ahora: cuidar sus abejas y seguir viviendo de la miel que produce.