El Gobierno ha sacado adelante el proyecto de ley con el que quiere reducir tanto la jornada lectiva del profesorado como el número máximo de alumnos por aula, dos medidas dirigidas a mejorar las condiciones de trabajo de los docentes. Ahora bien, para muchos profesores interinos este no es el único problema que se encuentran al empezar un nuevo curso, ya que cuando reciben un destino aparece otro obstáculo más y no es otro que el hecho de encontrar una vivienda asequible allí donde les toca dar clase.
El precio de la vivienda, que no para de subir, deja algunas zonas tan tensionadas que ni el sueldo de un profesor da para pagar un techo en el que dormir al menos mientras dure la baja o el tiempo que tiene que dar clase en ese lugar, llegando hasta el punto de que algunos profesores se vean obligados a rechazar la plaza a veces. De hecho, el 31,5% de los empleados públicos encuestados reconoce haber rechazado o aplazado una plaza o un ascenso porque no podía asumir el coste de la vivienda en el destino, según el estudio 'Perspectiva y Retos del Empleado Público en España', llevado a cabo por Supera Oposiciones.
Es una situación que conoce bien Javier Montoya, profesor interino de inglés natural de Almería, que ha recorrido buena parte de Andalucía enlazando sustituciones. Ha trabajado en Baza, Atarfe, Marbella, Fuengirola, La Línea de la Concepción o San Martín de Tesorillo y, cada vez que recibe un nuevo destino, comienza la misma odisea: buscar un piso para unos pocos meses.
“Es una lotería”, resume. En Marbella, explica, “un piso viejo no baja de 900 euros, o 300 si compartes una habitación”, mientras que en los pueblos pequeños el problema puede ser todavía más básico: directamente no hay viviendas disponibles.
“Con 40 años me vi compartiendo piso con dos desconocidos”
Javier llegó a la docencia después de haberse dedicado al periodismo. Tomó la decisión cuando cumplió 40 años y desde entonces ha tenido que acostumbrarse a destinos temporales y mudanzas constantes.
Uno de los momentos que más recuerda fue precisamente en Marbella. “Con 40 años me vi en Marbella compartiendo piso con dos desconocidos, fue duro”, reconoce.
En otros destinos ha tenido que recurrir a hostales porque no encontraba nada. A ello se suma que muchos propietarios tampoco quieren alquilar a profesores que están cubriendo una baja y no saben cuánto tiempo van a permanecer en el municipio.
“Casi nadie quiere alquilarte. No saber cuánto tiempo vas a estar cubriendo la baja, que es lo habitual, no ayuda. Muchos dueños no alquilan si no garantizas estar hasta final de curso”, explica.
Todo este cambio constante tiene además un coste personal. Cada vez que se marcha a un nuevo destino deja atrás a su pareja, su familia y sus amigos.
“No puedes decir que no, porque si lo rechazas te echan de la bolsa”
Ahora bien, rechazar una plaza tampoco siempre es una alternativa.
“No puedes decir que no, porque si lo rechazas te echan de la bolsa, y tienes que opositar otra vez”, asegura Javier. Según explica, pueden llegar a tocarles destinos situados hasta a tres horas de su vivienda habitual.
Por eso, su sindicato, Profesores por la Pública, reclama un sistema de comarcalización, para que los docentes puedan recibir destinos en zonas más próximas a su residencia.
Su caso tampoco es aislado. Otros profesores interinos recogidos en el mismo reportaje cuentan que han pasado semanas en hoteles, han destinado buena parte del sueldo a alquiler y gasolina o han tenido dificultades incluso para encontrar una vivienda en condiciones.
Para Javier, el trabajo está ahí. El problema aparece después: tener un destino pero no encontrar una casa desde la que poder ir a trabajar.

