Estudiar una carrera, aprender idiomas, hacer prácticas y prepararse durante años sigue siendo el camino que muchos jóvenes siguen esperando conseguir después un empleo estable y bien remunerado. El problema aparece cuando, tras completar todo ese recorrido, el salario que ofrece el mercado laboral no permite independizarse, ahorrar o simplemente vivir con cierta tranquilidad.
Es precisamente lo que denuncia Bea Muñoz, una joven creadora de contenido que habla habitualmente sobre trabajo y la situación de los jóvenes en España. En un vídeo publicado en su perfil de Instagram (@beaamunoz) explica por qué decidió marcharse a Nueva Zelanda después de comprobar las condiciones laborales que encontraba aquí.
“Estudié en España y me tuve que venir al otro lado del mundo para ganar lo que merezco”, comienza.
Según relata, hizo todo lo que se supone que había que hacer: estudió una carrera universitaria, aprendió idiomas, hizo prácticas y se preparó para entrar en el mercado laboral. Sin embargo, las primeras ofertas que encontraba se movían, según explica, alrededor de salarios de unos 1.100 o 1.500 euros.
“Nos estamos conformando con una miseria”
Para Bea, el problema no está únicamente en la cantidad, sino en haber terminado normalizando este tipo de salarios para trabajadores con formación.
“¿Cómo va a estar una persona así de formada ganando 1.500 euros al mes? Es que nos estamos conformando con una miseria”, afirma. Y añade que, en algunos casos, esos sueldos llegan acompañados de jornadas que asegura que pueden alcanzar las diez horas diarias.
Ella decidió que no era lo que quería y se marchó a Nueva Zelanda, donde actualmente trabaja como camarera.
“Esta semana he hecho 39 [horas] y he ganado 1.900 euros al mes netos de camarera, el doble que trabajando de lo que sería lo mío en España”, explica.
No cuenta su experiencia, insiste, para presumir, sino porque considera significativo que después de estudiar una carrera haya encontrado mejores condiciones económicas trabajando en hostelería fuera de España.
“Siento como que mi tiempo está empezando a valer de verdad”
Bea asegura además que la diferencia no está solo en el sueldo. Según su experiencia, los precios que encuentra en Nueva Zelanda son relativamente parecidos a los de España, por lo que siente que su salario le permite hacer más cosas.
“Salir a cenar aquí supone una o dos horas de tu trabajo, mientras que en España son tres o cuatro”, compara.
Esa diferencia ha cambiado también la forma en la que valora su propio tiempo. “Siento como que mi tiempo está empezando a valer de verdad”, afirma.
Ahora reconoce que le resultaría complicado volver y aceptar las condiciones que antes veía como normales. Durante años, explica, escuchó que estudiar y esforzarse tendría una recompensa, pero considera que el mercado laboral español no se la ofreció.
“Hay algo muy roto en un sistema donde una persona con una carrera universitaria gana más sirviendo mesas en otro país que trabajando de lo suyo en España”, resume.
En el texto que acompaña al vídeo va un paso más allá y señala que cuando a toda una generación le resulta difícil independizarse, ahorrar o formar una familia, “no es mala suerte individual, es un fallo colectivo”.

