Una de las decisiones más complicadas a la hora de hacer un testamento puede ser decidir cómo se repartirán los bienes entre los herederos, sobre todo para evitar conflictos tras el fallecimiento. Pero esto a veces es inevitable y las familias terminan acudiendo a los tribunales, como en este caso en Australia, donde el padre dejó a su mujer una casa valorada en 4 millones de dólares australianos (unos 2,48 millones de euros) con la condición de que posteriormente pasara a sus dos hijos, pero años después ella decidió hipotecarla para comprarse otra.
Según explican desde el despacho de abogados Fox&Staniland, el hombre falleció en 2011 y dejó a su esposa la vivienda familiar con la intención de que, tras la muerte de la mujer, la vivienda pasara a sus hijos, uno de ellos de un matrimonio anterior.
Para ello, estas intenciones quedaron reflejadas en el memorándum de deseos del fallecido, en el que su mujer aceptó esas condiciones para recibir la herencia. Años después de eso, la viuda decidió hipotecar la casa que tendrían que recibir los hijos para comprar otra propiedad.
El hijo pidió anular la hipoteca porque temía perder su herencia
El hijo del otro matrimonio consideró que esta decisión podría poner en riesgo su herencia y decidió llevar el caso a los tribunales porque entendía que su madrastra tenía la obligación de proteger la casa para que tanto él como su hermano pudieran recibirla en el futuro y que hipotecarla era un peligro.
También cuestionó que parte del dinero obtenido con la hipoteca se utilizara para comprar otra propiedad y pidió al tribunal que dejara sin efecto la operación.
Sin embargo, la Justicia no compartió su interpretación, ya que el compromiso de la mujer a dejarles la vivienda tras su muerte no le impedía usarla o tomar decisiones sobre ella mientras siguiera viva.
Además, el juez consideró que la decisión de hipotecar la casa no había sido imprudente ni suponía un riesgo suficiente para pensar que los hijos fueran a perder su futura herencia.
Por este motivo, rechazó la petición de Harry para cancelar la hipoteca y permitió a Victoria mantener el control de la propiedad.
De este modo, aunque el padre había dejado por escrito su intención de que la vivienda terminara repartiéndose a partes iguales entre sus dos hijos, la Justicia entendió que eso no impedía a su viuda hipotecarla mientras estuviera viva, siempre que finalmente se respetara el derecho de los hijos sobre la casa o sobre su valor.

