Tener una piscina en casa es el sueño de muchas personas y algunos propietarios optan por construir una en el jardín si tienen el espacio suficiente para hacerlo. Pero en ocasiones lo que puede parecer una ventaja para disfrutar en los días de calor puede terminar provocando problemas con los vecinos cuando las obras afectan a elementos que se encuentran cerca de los límites de ambas propiedades. Esto es lo que le ha pasado a un propietario australiano que instaló una piscina junto al árbol de su vecino y ha terminado obligado a pagar los tratamientos necesarios para recuperarlo después de que las excavaciones dañaran sus raíces.
Según news.com.au, el hombre construyó en noviembre de 2023 una piscina en el patio trasero de su casa, pero muy cerca de un pino que estaba situado en la propiedad del vecino. Un tiempo después se dio cuenta de que la idea no había sido tan buena porque la cercanía con el árbol le causaba ciertas molestias, como por ejemplo hojas caídas y agujas de pino dentro del agua que terminaban en la depuradora, afectando al sistema de filtración de la piscina, y que además también le quitaba luz.
La caída de hojas era tal que el propietario de la piscina llevó el caso a los tribunales para decir que se talara; sin embargo, la situación terminó volviéndose en su contra, ya que hasta antes de la construcción de la piscina el árbol no perdía tantas hojas, y los problemas comenzaron a aparecer a raíz de su obra.
Las obras de la piscina dañaron las raíces y terminaron estresando el árbol
Los peritos determinaron que durante las excavaciones se había entrado en la zona protegida de las raíces sin consultar previamente a un arborista ni realizar pruebas para comprobar por dónde se extendían.
En concreto, los trabajos afectaron a un 17,7% de la zona estructural de las raíces y del área de protección del árbol. Después de estas obras, parte de la copa comenzó a ponerse marrón y el ejemplar mostró signos de estrés.
Este deterioro provocó además una mayor caída de hojas, justo uno de los problemas por los que el dueño de la piscina pedía que se eliminara el árbol.
El tribunal lo resumió señalando que el propietario “se ha buscado el problema de la acumulación de hojas secas en la piscina”, ya que decidió construirla sabiendo que estaba situada debajo de las ramas existentes.
Por este motivo, rechazó que el coste de solucionar la situación tuviera que recaer sobre el dueño del árbol.
Quería que talaran el árbol, pero tendrá que pagar los tratamientos para recuperarlo
La Justicia también rechazó la petición de cortar completamente el pino. Aunque reconoció que su ubicación no era la más adecuada y llegó a describir el caso como “el árbol equivocado en el lugar equivocado”, consideró que seguía siendo un ejemplar sano y que había otras soluciones antes de recurrir a la tala.
“Claramente no hay fundamento para ordenar la tala del árbol en este momento”, recoge la resolución, que considera que una poda puede reducir suficientemente las molestias.
El propietario de la piscina tendrá ahora que pagar las actuaciones necesarias para reparar los daños que causaron las excavaciones, entre ellas tres tratamientos del suelo con productos biológicos orgánicos y al menos un tratamiento con pesticidas para intentar recuperar la salud de las raíces.
Además, seis meses después de comenzar estos trabajos, deberá hacerse cargo de una poda destinada a reducir las ramas que sobresalen sobre la piscina aproximadamente a la mitad.
El dueño del árbol también tendrá que asumir posteriormente el coste de una poda ordinaria dentro de un plazo de entre 12 y 18 meses.
La resolución incluye además medidas para evitar que el enfrentamiento entre ambos siga creciendo. El hombre reconoció ante el tribunal que había estado arrojando por encima de la valla semillas, vainas y agujas de pino que recogía en su terreno, una práctica que aceptó dejar de hacer.