Tener una jornada laboral de 8 o 9 horas, que es lo habitual en España, no significa automáticamente tener el resto del día para uno mismo ya que normalmente a esas horas hay que sumarle otras más por los desplazamientos y preparativos. Bien lo sabe Paulina, una colombiana que vive en España y trabaja limpiando casas, cuyo día comienza a las 5:30 de la mañana aunque su primer turno no empiece hasta varias horas después.
Normalmente, para aprovechar mejor el día, hace tres servicios de limpieza de tres horas cada uno seguidos. Aunque en teoría parece que solo trabaja nueve horas, la realidad es muy diferente. Y es que, según explica esta joven “realmente se convierten en 12 horas o hasta más”. Y el motivo está en todo el tiempo que pasa moviéndose de una vivienda a otra en transporte público.
“No se cuentan solamente las horas que se están limpiando, sino que hay que tomar en cuenta el tiempo de desplazamiento entre turnos”, explica.
“Aunque no se cobre, es tiempo en el que estamos moviéndonos”
Ese tiempo, según cuenta, normalmente no se paga. Paulina recuerda, eso sí, una excepción que todavía tiene muy presente. En una ocasión fue a limpiar un piso que debían entregar unos extranjeros que estaban de vacaciones y le preguntaron a qué hora había salido de casa. “Ese tiempo me lo pagaron. Dios mío, por más clientes así, amén”, recuerda.
Lo habitual es otra cosa. Entre un servicio y el siguiente tiene que coger transporte público, cambiar de estación y continuar hasta la siguiente vivienda. “Aunque no se cobre, es tiempo en el que estamos moviéndonos de un lado a otro, subiendo y bajando escaleras en las estaciones”.
Su primer turno comienza alrededor de las ocho, después tiene otro al mediodía y termina el último por la tarde. Al final, explica, prácticamente todo el día queda condicionado por el trabajo y los desplazamientos. “Y luego soy yo preguntándome: ¿por qué nueve horas de trabajo se sienten como si fueran 20?”, bromea.
En dos semanas recuperó las limpiezas que había perdido
Por otra parte, a Paulina no le quedó otra que cambiar de trabajo y empezar en un sitio nuevo, con la incertidumbre que eso conlleva siempre, Dejó el trabajo principal que tenía y, como anteriormente había reducido mucho sus servicios de limpieza, reconoce que se asustó.
“Me tocó volver a empezar prácticamente desde cero”, cuenta. Había escuchado además a otras trabajadoras decir que cada vez salían menos servicios, pero decidió intentarlo igualmente: “No importa, con miedo y todo”.
El resultado llegó rápido. “A las dos semanas ya había recuperado la misma cantidad de turnos que antes había dejado”.
Y durante ese proceso dice que ha aprendido también algo importante en el mundo de la limpieza y del sector servicios, y es que muchos clientes no buscan solo el precio más barato, sino un trabajo bien hecho, especialmente cuando se trata de sus propias casas en las que viven o lugares a los que le tienen aprecio de verdad.
Algunos le explicaron que habían contratado ya antes a otras personas pero no habían tenido un buen resultado, por lo que al final cambiaban este servicio a otra persona. “Aunque algunas cobraran menos, ellos preferían pagar un precio más alto, pero recibir un servicio de calidad”.
Por eso, Paulina insiste en la importancia de cuidar los detalles. Reconoce que ella también se ha equivocado, especialmente cuando comenzó, pero considera que forma parte del aprendizaje. “Nadie nació aprendido. Lo importante es mejorar cada día, sea cual sea el trabajo que se ejerza”, concluye.