La mayoría de personas, tras décadas de trabajo a sus espaldas, están deseando que llegue el día de su jubilación para no tener que trabajar más y, por fin, descansar. Ahora, unas pocas prefieren seguir en activo, convirtiéndose el trabajo ya no en una obligación, sino en un estilo de vida. Es el caso de Anna Possi, quien es actualmente la barista en activo más longeva del mundo.
Nació en 1924 y, a sus 102 años, sigue trabajando. Lo hace en el bar que fundó con 18 años junto a su marido, René, en el año 1958. Se trata del Bar Centrale, en Nebbiuno (Italia), que ha abierto sus puertas todos los días desde hace 68 años. Solo cerró un par de días para cuidar de su marido, ya fallecido.
“Abrí el bar en el ‘58 con mi marido. Luego, en el ‘74, mi marido falleció y me quedé sola”, cuenta Anna en un vídeo para la cuenta de TikTok ‘joeywellness’. En este, asegura que sigue con ánimo para seguir abriendo sus puertas cada día: “Es un trabajo que me gusta y no siento el cansancio, esta es mi vida. Sin vacaciones, ni siquiera un día de descanso”.
De hecho, preguntada por ello, afirma que no cierra siquiera los festivos. Sigue atendiendo a sus clientes en Navidad, Pascua, Año Nuevo o Ferragosto. Sin excepción. “Siempre estoy abierta”, afirma, explicando que normalmente suele trabajar de 7 de la mañana hasta las 19 de la tarde.
Así es su dieta y rutina
Anna vive justo encima del bar y no fuma ni bebe. Tampoco bebe café porque le sube la tensión. “Por la tarde cierro a las siete, miro un momento el ordenador para ver qué ha pasado durante el día y luego me voy a la cama”, cuenta en el vídeo.
En una entrevista para el diario La Repubblica contó que, al mediodía, solía comer alrededor de 10 gramos de espaguetis con manteca o ajo, aceite y guindilla, y una pieza de fruta o un poco de queso. Por la noche, suele tomar puré de alubias y garbanzos para consumir proteína, ya que come poca carne. También suele tomar fruta cocida, pero “siempre muy poco de todo”.
Por su parte, para desayunar, suele tomar té y una porción de tarta de manzana que prepara ella misma. También sigue haciendo ejercicio a diario y, cuando almuerza, lo hace de pie.
En la citada entrevista, preguntada por su jubilación, aseguró que aún estaba pagando cotizaciones a la Seguridad Social que solo podrá cobrar cuando cumpla 105 años. “Tendré que esperar antes de poder pensar en jubilarme, porque no quiero perder ese dinero”, admitió Anna, aun con fuerzas para seguir levantando la persiana.