Comprar un electrodoméstico nuevo porque arreglar el antiguo resulta casi igual de caro es una situación bastante habitual. Precisamente esto es lo que quiere cambiar la Unión Europea con la Directiva (UE) 2024/1799, que establece nuevas normas comunes para fomentar la reparación de productos y evitar que sean sustituidos antes de tiempo. Esta normativa va en la misma línea que la que obligará a vender móviles con baterías reemplazables y más duraderas a partir de 2027 y que entra en vigor este próximo año, ya que son ambas medidas de ecodiseño de la Unión Europea.
La norma ya está activa en todo el territorio de la Unión Europea desde el 31 de julio de 2026, que era la fecha límite para ser adoptada por los Estados miembros, por lo que todas las disposiciones que contiene se deben aplicar desde esa fecha. El objetivo es pasar de la cultura de “comprar, usar y tirar” a otra en la que reparar sea una opción real para el consumidor, incluso cuando el producto ya esté fuera de garantía.
Según los datos recogidos por Business Insider, los productos que podrían repararse pero terminan desechándose generan cada año alrededor de 35 millones de toneladas de residuos en la UE, mientras que sustituirlos en lugar de arreglarlos supone para los consumidores un coste cercano a los 12.000 millones de euros anuales.
La reparación tendrá que hacerse a un “precio razonable”
Uno de los cambios más importantes está precisamente en el precio. La directiva no establece literalmente que reparar tenga que costar menos que comprar un aparato nuevo, pero sí deja claro que el coste no puede utilizarse para desanimar al consumidor.
El artículo 5 establece que la reparación “será gratuita o a un precio razonable” y que deberá efectuarse también en un “plazo razonable” desde que el fabricante tenga acceso al producto.
La propia Directiva aclara que “el precio debe ser razonable, es decir, debe fijarse de manera tal que no se disuada intencionadamente a los consumidores de acogerse a la obligación de reparación del fabricante”, haciendo hincapié en que no pueden rebasar ciertos límites a la hora de poner precio al arreglo de un electrodoméstico.
Lo mismo ocurre con los recambios. Los fabricantes deberán ofrecer las piezas y herramientas “a un precio razonable que no disuada de la reparación” y tendrán que publicar en una web de libre acceso información sobre los precios orientativos de las reparaciones más habituales.
No podrán impedir que otro taller repare el aparato
La norma incluye además novedades importantes para los talleres independientes. Los fabricantes no podrán utilizar contratos, equipos o software para impedir una reparación, salvo que exista una justificación legítima.
De hecho, la directiva establece expresamente que “los fabricantes no impedirán que los reparadores independientes utilicen piezas de recambio originales o de segunda mano, piezas de recambio compatibles y piezas de recambio realizadas mediante impresión 3D”.
Tampoco podrán negarse a arreglar un producto únicamente porque anteriormente haya sido manipulado por otro profesional o por el propio usuario. El texto dispone que “los fabricantes no se negarán a reparar” alegando únicamente que otra persona efectuó una reparación previa.
Estas obligaciones se aplican, por ahora, a los productos que ya cuentan con requisitos europeos específicos de reparabilidad. Entre ellos aparecen lavadoras, lavavajillas, frigoríficos, pantallas electrónicas, aspiradoras, móviles, teléfonos inalámbricos, tabletas y secadoras, entre otros.
Además, cuando el consumidor opte por reparar un producto dentro de la garantía, el período de responsabilidad se ampliará una vez por otros 12 meses. El vendedor deberá informar previamente tanto del derecho a escoger entre reparación y sustitución como de esta ampliación adicional.