Cuando se vive de alquiler, los caseros no pueden prohibir a los inquilinos recibir visitas, pero en ocasiones los invitados pueden generar fricciones entre ellos. Esto es lo que ha ocurrido en Irlanda, donde un casero tendrá que pagar 6.000 euros a una inquilina después de intentar rescindir varias veces su contrato por el comportamiento de su pareja y las molestias que, según él, estaba provocando.
Según el medio irlandés The Irish Times, el conflicto entre este casero y su inquilina terminó en los tribunales porque el propietario aseguraba que estaba preocupado por las visitas del novio de su inquilina a la vivienda. Y es que, según argumentaba, la pareja habría protagonizado varios episodios de supuesto comportamiento antisocial en la vivienda.
Según explicó, se habían producido incidentes graves, entre ellos una supuesta amenaza de incendiar la casa y otro episodio en el que se encontraron sangre y un cuchillo en el interior. A raíz de esta situación, el casero entregó a la inquilina tres avisos para poner fin al contrato entre marzo y mayo de 2025.
El casero quería que se marchara por el comportamiento de su pareja
La inquilina reconoció que su pareja acudía con frecuencia a la vivienda y podía quedarse allí una o dos noches por semana, pero negó que viviera de forma permanente en la casa. Además, explicó que ella misma había tomado medidas para evitar nuevos problemas y que había conseguido una orden judicial que limitaba el acceso de su pareja al inmueble.
Este detalle fue importante para el tribunal, que consideró que demostraba que la mujer no aprobaba ni consentía el comportamiento que el propietario denunciaba.
La resolución señala que al casero podía no gustarle que la pareja de su inquilina estuviera en la vivienda, pero que eso no le permitía responsabilizarla automáticamente de lo ocurrido. “Era la inquilina quien decidía quién podía visitarla en la vivienda”, recoge la decisión.
Por este motivo, el tribunal concluyó que los tres avisos de rescisión enviados por el propietario no tenían una causa suficiente y que l hecho de intentar impedir que su pareja la visitara en su propia casa era una interferencia en el derecho de la inquilina a disfrutar de la vivienda.
Estuvo varios días sin agua y terminó marchándose voluntariamente
El conflicto se agravó además por un problema con el suministro de agua. La inquilina aseguró que después del fin de semana de Pascua se quedó sin agua en la vivienda y que anteriormente el propietario había amenazado con cortársela.
El casero explicó que había recibido una factura de 5.000 euros por una fuga que afectaba tanto a los terrenos agrícolas como a la casa y fue necesario realizar trabajos para repararla.
Durante ese periodo, la mujer aseguró que tenía que acudir a casas de familiares para bañar a sus hijos y llevar agua desde allí para poder incluso tirar de la cadena.
Finalmente, la inquilina abandonó voluntariamente la vivienda en agosto, pero el tribunal consideró que sus últimos meses en la casa habían estado afectados tanto por el intento de rescisión del contrato como por la falta de agua y ordenó al propietario pagarle 6.000 euros en concepto de indemnización por haber incumplido su obligación de permitirle disfrutar de la vivienda de forma “pacífica y exclusiva”.

