A nadie se le escapa que la burbuja de la inflación está a punto de estallar, y que podría llevarse por delante las carteras de miles de familias, ahogadas por los gastos de alquiler, hipoteca o supermercado, que no llegan a fin de mes. De hecho, en España el Índice de Precios al Consumo (IPC) publicado por el INE (Instituto Nacional de Estadística) llega al 4,9%, seis décimas más que en agosto, rompiendo todas las previsiones.
La presidenta del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde, ha justificado la última subida de tipos de interés al 2,5% apoyándose precisamente en esta alta tasa inflacionaria que afecta de manera especial a los carburantes, alimentos o electricidad. Para la ‘guardiana del euro’, el encarecimiento del dinero es “una respuesta mesurada apropiada para mantener la inflación bajo control”.
“Esto significa que seguimos en la senda intermedia de política monetaria que presenté a comienzos de este año, y si bien la conmoción es demasiado grande para ignorarla, consideramos que la respuesta que debemos dar ha de ser mesurada y apropiada para que se mantenga bajo control”.
Ha explicado que el análisis del Banco Central Europeo ha concluido que se espera una subida más elevada en 2027 y otra en 2028 pero no hay indicios de que “esta tendencia se esté consolidando”.
“Reaccionamos a los precios de la energía si afectan a la inflación”
La presidenta del BCE ha reiterado que este crecimiento ha sido “sólido” pero que el endurecimiento monetario y el aumento de las tasas de interés a largo plazo van a ralentizar la economía y la rebaja de la transmisión de beneficios. “Ante estas crisis energéticas, el BCE tiene una estrategia clara, que es la de no reaccionar a los precios de la energía sino que lo hacemos cuando haya riesgos de que ese coste se consolide en más inflación”.
Ha vuelto a considerar el papel de la incertidumbre como uno de los más destacados en la eurozona, con riesgos “al alza de la inflación y a la baja para el crecimiento económico” ya que el conflicto en Oriente Próximo sigue activo, con el estrecho de Ormuz paralizado y al tiempo, aumenta el precio de la energía a nivel global.
Lagarde sí ha considerado que hay previsiones positivas en lo referente al mercado de trabajo, en el consumo, en la productividad, inversión empresarial o exportaciones, frente al aumento de los salarios que se mantiene estancado con la inflación al alza.
“En materia de política monetaria la tarea es clara, hemos de observar y estudiar al detalle cómo la Inteligencia Artificial afecta a la productividad, la inversión, los mercados de trabajo, las condiciones financieras o la inflación para poder cumplir con nuestro mandato de seguir con los precios estables”.
Una mayor expansión de la Inteligencia Artificial
Una de las demandas que ha realizado Lagarde durante su comparecencia ante los medios en Bruselas tiene que ver con el uso de la Inteligencia Artificial en el campo de la economía. También en todo lo que tiene pendiente Europa para que esta tecnología llegue de “manera extensiva” en un momento crítico en el que se están poniendo barreras a su expansión en Estados Unidos.
Para la presidenta del BCE es importante destacar la potencialidad de la IA para que aumente la producción de las empresas y acompañar esto con una bajada de costes. “La magnitud de este efecto así como su velocidad dependerán de cómo se adopte en el mercado económico y en el caso de Europa, queda trabajo por hacer”.
Los primeros datos del BCE consideran que la productividad va a mejorar entre el 0,3% y el 0,4% en los próximos 10 años gracias a la IA, unos números “menos optimistas que los que llegan de EEUU pero son bastante altos”.
“Para aprovechar el potencial de la IA en su totalidad hace falta realizar una inversión sustancial, y Europa tiene que llevarlo a cabo pero también apostar por la capacidad informática, los centros de datos y las energías. Y por parte de las empresas también deben formar a sus empleados y adaptar sus modelos de producción porque la inversión relacionada con la Inteligencia Artificial está aumentando en Europa y hay más proyectos en marcha para las empresas… pero seguimos por detrás de Estados Unidos”, ha explicado.
Innovación y dependencia son importantes
El despliegue de la IA en Europa va de la mano de dos factores que, a juicio de Lagarde, son fundamentales. Uno de ellos es la innovación y el otro la independencia, porque el mercado cada vez está más integrado y desarrolla una capacidad europea que se basa en la soberanía.
“Adoptar la IA tiene que entenderse más allá de un pequeño grupo de líderes tecnológicos, la mera difusión no es suficiente, las empresas deben usarla de un modo eficaz y profundo, entre otras cosas es necesario contar con apoyo a programas de recapacitación que aborden las pocas habilidades que existen en torno a la IA garantizando que la fuerza laboral se adapte a este cambio transformador”, ha concluido.

