NoticiasTrabajo logo Día Mundial del Sida: mitos y mentiras sobre la enfermedad

¿Es lo mismo sida que VIH? ¿Contagia siempre una persona con sida a su pareja? ¿El sida es una sentencia de muerte? ¿Puede transmitirse al bebé durante el embarazo? ¿Y por la saliva? ¿Se sienten o aparentan estar enfermas las personas con sida? ¿Pueden tener relaciones sexuales sin protección dos personas con sida? ¿Se notan sus efectos una vez contraído?

Son algunas de las preguntas sobre el Síndrome de la Inmunodeficiencia Adquirida, más conocido como sida, convertidas en mitos por su contrastada realidad tras 40 años desde la notificación del primer caso, revelado por un hospital de Estados Unidos en junio de 1981. Se extendió rápidamente por todo el mundo, tardando cuatro meses en hacer acto de presencia en España. Concretamente, en Barcelona. Una desinformación que en el Día Mundial del Sida que hoy se celebra conviene abordar. 

Mitos, mentiras y realidades sobre el Sida

De la mano de una patología que aterrorizó al mundo en la década de los 90, también lo hizo su estigmatización social, fundamentada falsamente en la ausencia de información o la desinformación. Se desmintió que no solo la contraían hombres homosexuales, se descubrieron tratamientos con antirretrovíricos para tratarla y actualmente si se pilla a tiempo puede ser una enfermad crónica. Celebrándose este miércoles el Día Mundial del Sida, es el momento preciso para verter contraste, en la medida de lo posible, a las erróneas afirmaciones sobre el sida. 

Mito: el sida es lo mismo que el VIH.

El virus de inmunodeficiencia humana (VIH) es el causante del síndrome de inmunodeficiencia adquirida (sida). Cuando se contrae el virus, este destruye las células del sistema inmunitario que sirve de escudo ante las infecciones. Cuando el número de células CD4, que componen ese escudo, son muy bajas es propenso a contraer infecciones peligrosas que causen la muerte.

Es decir, el sida es la fase más grave del VIH. Aunque estén concatenados, no son lo mismo. Alguien con VIH no quiere decir necesariamente que tenga sida. Por lo que cuando se usan como sinónimos, como suele suceder, se incurre en error.

Mito: una persona con VIH o sida contagiará a su pareja sexual.

Con la terapia adecuada, basada en una toma regular de una combinación de antirretrovirales, la persona infectada puede llegar a reducir la carga viral al mínimo, incluso siendo indetectable, e imposibilitar así el contagio. Se les denomina personas indetectables, ya que no pueden transmitir el virus de ninguna forma.

Mito: si te infectas, sus efectos son notables inmediatamente.

La enfermedad, como todo proceso vírico, lleva su proceso. Los estudios y la experiencia clínica testada a lo largo de estos años han evidenciado que pueden pasar hasta ocho o diez años para que sus síntomas hagan acto de presencia y se sepa que se es seropositivo. Es decir, muchas personas conviven mucho tiempo con la enfermedad y no son conscientes de ello hasta mucho tiempo después. Ni se ven, ni se sienten enfermas.

Mito: el VIH o sida es cosa del pasado.

A pesar de que su pico de mortalidad, cuando aún no se habían descubierto los tratamientos que consiguen reducir al mínimo o a la nada sus síntomas y transmisibilidad, fue en la década de los 90, el virus aún sigue muy presente. A pesar de las constantes y frecuentes campañas de concienciación, en 2014 hubo 1,2 millones de muertes por sida, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), que también prevé que cerca de 80 adolescentes fallecerán cada día por VIH o sida de aquí a 2030.

Mito: el VIH o sida es una sentencia de muerte.

Más del 95% de los pacientes que reciben tratamiento contra el VIH no llegan a desarrollar el sida ni, como se ha dicho, evidenciar síntomas ni contagiarlo debido a que se reduce la carga viral en sangre a mínimos que incluso puede llevar a dar negativo en una prueba. Esto permite llevar una vida con total normalidad. Incluso existe un medicanto de uso diario, llamado PrEP, que puede proteger de la infección.

Mito: el VIH solo se transmite vía relaciones sexuales sin protección.

Aunque es el camino más usual para la transmisión, no es el único. Por ejemplo, una persona virgen podría estar contagiada por el VIH a pesar de no haber tenido nunca relaciones sexuales. Esto viene motivado porque el virus se encuentra en el semen, los fluidos vaginales, el moco anal, la sangre y la leche humana que pueden acceder también al cuerpo a través de cortes, heridas o las membranas mucosas como el interior de la vagina, el recto y la abertura del pene.

Compartir agujas, para drogarse vía intravenosa, fue una de las causas más extendidas en los 90. Aunque también ha ocurrido con tatuajes y piercings, e incluso se han dado casos por transfusiones de sangre infectada inconscientemente. No se transmite a través de la saliva ni las secreciones nasales. Y sí puede contagiarse al bebé, ya sea durante el embarazo, la lactancia o el parto.