Parece que todas las historias que conocemos o que salen a la luz en redes sociales de gente que se va a otro país extranjero a trabajar y empezar una nueva vida salen bien. Consiguen mejores oportunidades que en su país de origen, hacen amigos, pueden optar a mejores opciones habitacionales o ganan más dinero. Pero no siempre es así, a veces estas aventuras también salen mal y los protagonistas se tienen que volver debido a que la experiencia no era la que esperaban en un primer momento.
Es lo que le ha ocurrido a una pareja de españoles que se trasladó a Austria hace dos meses y medio. Allí consiguieron trabajo en una empresa de limpieza encargándose de hoteles, oficinas y otros establecimientos.
Según cuentan, las condiciones iniciales eran bastante buenas. La empresa les proporcionaba alojamiento gratuito, coche y todos los gastos cubiertos. Y es que este país ofrece buenas condiciones laborales por lo general y buenos salarios, además de que hay muchas oportunidades, sobre todo en el sector de la construcción.
Ellos, por su parte, habían dejado clara una condición antes de empezar. “Nosotros lo que exigimos era tener uno o dos días libres, pues para poder disfrutar también y no solo trabajar”, explican.
Al principio, aseguran, no hubo ningún problema. Trabajaban por las mañanas, tenían las tardes libres y la empresa respetaba los descansos pactados.
“Llevábamos ya tres semanas sin descanso”
Todo cambió cuando aumentó la carga de trabajo.
“El problema llegó cuando teníamos mucha carga de trabajo y llevábamos ya tres semanas sin descanso y además teníamos que estar disponibles todo el rato”, cuentan.
Fue entonces cuando decidieron hablar con los responsables de la empresa. No querían abandonar el empleo directamente, sino recuperar las condiciones que, según su versión, habían acordado al principio.
“Nosotros lo que dijimos es: no hemos venido solo a trabajar, y eso se lo dejamos claro al principio”.
Por eso optaron por intentar llegar a un acuerdo. “Vamos a hablar con ellos. Si llegamos a un entendimiento y si no llegamos, no pasa nada”, explican.
Lo que pedían, insisten, era recuperar los descansos inicialmente pactados. “Necesitábamos que respetaran las condiciones que habíamos acordado al principio”.
“Nos dice que nos larguemos ahora mismo del piso”
La respuesta que recibieron, según cuentan, fue mucho más drástica de lo que esperaban.
Después de escribir al dueño de la empresa para explicarle la situación, este les indicó que hablaran con la encargada.
“Nos contesta y directamente nos dice que nos larguemos ahora mismo del piso y que se acabó”, relatan.
La decisión les sorprendió especialmente porque el alojamiento estaba vinculado al empleo. Perder el trabajo significaba también tener que dejar la vivienda en la que llevaban residiendo desde su llegada a Austria.
“Nos quedamos un poco choqueados. ¿Qué ha pasado? No nos esperábamos eso”, cuentan.
Después de apenas dos meses y medio en el país, la pareja ha decidido marcharse de Austria tras quedarse sin empleo y sin el alojamiento que les proporcionaba la empresa.
Su experiencia, explican, comenzó con unas condiciones que consideraban buenas, pero terminó después de reclamar algo que habían dejado claro antes de aceptar el trabajo: disponer de tiempo para descansar.
“No hemos venido solo a trabajar”, resumen.

