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Qué pasa si no duermes durante una noche: Estas son las consecuencias

Cambios de humor, la ansiedad o la irritabilidad son algunas de las consecuencias negativas de no dormir durante 24 horas sin dormir.

Qué pasa si no duermes
Javier Martín
Javier Martín
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No dormir durante una noche puede tener consecuencias negativas sobre nuestro organismo y los expertos recomiendan al menos hacerlo durante ocho horas. El gran porcentaje de la población mundial conoce la teoría, pero trasladarlo a la práctica es otra cosa. Salir de fiesta, trasnochar para ver la NBA, una noche de trabajo, atender a tu bebé recién nacido o simplemente sufrir de insomnio pueden provocar que durmamos poco o que directamente no lo hagamos. Al día siguiente nos encontramos cansados, con cambios repentinos de humor, no nos podemos concentrar… ¿Pero qué efectos puede provocar no dormir una noche?

¿A qué y cuánto se le considera dormir bien? Los neurólogos y especialistas del sueño instan a diferenciar entre calidad y cantidad. Así, según el estudio Sueño saludable: evidencias y guías de actuación, publicado por la Sociedad Española del Sueño (SES) el refranero popular estaría en lo cierto, por lo que ocho horas más una siesta en torno a veinte o treinta minutos, añade sería el tiempo ideal. Menos de seis, como comprobó un estudio de la Universidad de Pennsylvania, a la larga es prácticamente como no hacerlo, según los niveles cognitivos posteriores.

Obviamente, los requerimientos biológicos de sueño también irán en función de la etapa vital. No necesitará las mismas horas de descanso un adulto (7-8 horas), que un niño (9-11 horas) o un bebé (14-17 horas), según estiman la National Sleep Foundation. Pero también, para mejorar nuestro sueño, horas aparte, se realizan ciertas recomendaciones como una temperatura adecuada, limitación de actividad de dispositivos digitales, ruido y radiación lumínica, un correcto nivel de hidratación, evitar digestiones pesadas o una habitación ordenada.

Consecuencias de no dormir durante 24 horas

“El sueño es un proceso activo y complejo, fundamental para mantener un correcto estado de salud del sueño, física y mental”, afirma la Revista Española de Neurología. Mientras permanecemos en estado latente, nuestro cerebro lleva a cabo diferentes funciones vitales como la regeneración de las conexiones sinápticas de las neuronas, disminuir los niveles de cortisol (estrés) o dopamina o regenerar el ADN. Se trataría de algo así como ‘limpiar el organismo’. 

Sin embargo, los efectos de pasarse 24 horas sin dormir conllevan mayores consecuencias para el organismo que efectos rápidos. Entre ellos la fatiga o el cansancio, la disminución de la capacidad de concentración o reacción al disminuir la actividad de las neuronas de la corteza prefrontal y la materia gris, o la irritabilidad, al disminuir la capacidad para gestionar conflictos y dejar que nos domine nuestra vertiente emocional.

Cansacio, una de las consecuencias de no dormir durante 24 horas

Sin embargo, la privación crónica de sueño sí puede tener mayores daños colaterales, aparte de los mencionados anteriormente generalizándose, a largo plazo. Como hemos dicho, el cerebro es uno de los más afectados. Si no dormimos, estamos expuestos a los cambios de humor. “Es como si el cerebro volviera a unos patrones de actividad más primarios, en los que es imposible contextualizar las experiencias sensibles y reaccionar de una forma controlada y adecuada”, explican desde Harvard.

No se controlan, además, igualmente las emociones. También se ha detectado, la pérdida de actividad neuronal, posibles alteraciones del habla y de la memoria, en los casos más extremos. En los menos, se ha detectado mucha mayor dificultad para consolidar la memoria. 

Asimismo, podemos estar poniendo en riesgo nuestro corazón, incrementando su ritmo cardíaco o la probabilidad de sufrir enfermedades cardiovasculares para aquellos más propensos, perfil lipídico aterogénico, calcificaciones en las arterias coronarias o diversos tipos de cáncer. O al páncreas, con problemas para procesar la glucosa, lo que puede desencadenar en diabetes y/o obesidad, al descontrolarse las hormonas que regulan el apetito, como la leptina o la grelina. El sistema inmune, por otra parte, es otro de los perjudicados, al debilitarse, abriendo las puertas de nuestro organismo a virus o bacterias.