Cada vez menos jóvenes se quieren dedicar al campo, unos porque prefieren tener un trabajo de oficina con horario fijo y otros porque no se pueden permitir la inversión inicial que supone empezar a trabajar en la agricultura o la ganadería si no tienes familiares que te lo den todo. Es cierto que ahora ayudas como la PAC sirven para dar los primeros pasos en estos oficios, aunque a veces no es suficiente, ya que no todo es económico sino que se requiere también algo de vocación y que de verdad te guste lo que haces.
Y es que para la mayoría la definición de tener un buen empleo sigue siendo la de tener siempre el mismo horario, un sueldo estable y salir del trabajo siempre a la misma hora. Pero no para todo el mundo. Ana Hernández decidió seguir un camino muy diferente y dedicarse a la ganadería familiar en Valderrodrigo, Salamanca.
Y lo ha hecho en un sector donde los jóvenes siguen siendo minoría. Según los datos del Ministerio de Agricultura recogidos en el artículo, solo el 8,9% de los titulares de explotaciones agrarias tiene menos de 41 años, mientras que aproximadamente el 32% son mujeres.
Para Ana, sin embargo, la explicación es sencilla. Le gusta que su trabajo cambie continuamente y dependa de ella misma. “El hecho de que sea algo tuyo, que cada día es diferente, no es una oficina, no es algo metódico”, explica.
“Todo el mundo piensa que triunfar es hacerte funcionario”
Su visión sobre el trabajo se aleja bastante de quienes buscan sobre todo estabilidad y horarios cerrados.
“Todo el mundo piensa que triunfar es hacerte funcionario y trabajar de 7 a 15 horas”, señala. Ella prefiere otra cosa: “Yo prefiero trabajar todo el día y dedicarme a algo que de verdad me gusta y me llene”.
La ganadería, además, le viene de familia. Después de pasar una temporada viviendo en Sevilla, regresó al pueblo durante la pandemia y comenzó a plantearse seriamente quedarse con la explotación de su padre.
Había detrás muchos años de esfuerzo. En 2016, la explotación sufrió un brote de tuberculosis bovina que obligó a la familia a empezar prácticamente desde cero y comprar nuevas vacas en Francia.
Fue precisamente todo ese trabajo el que terminó empujándola a tomar las riendas en 2020.
“No me sentía muy a gusto que, con todo el esfuerzo que le ha costado y todas las trabas que hemos tenido, se dejase perder la explotación”, explica.
“Lo puedes tener todo planificado” y que algo lo cambie
Trabajar con animales también significa convivir con una parte de incertidumbre que resulta imposible controlar.
Ana explica que se pueden hacer cuentas, calcular cuánto ampliar o cuánto reducir y tener toda la explotación planificada. Pero después puede aparecer una enfermedad y trastocar todo el trabajo.
“Lo puedes tener todo planificado”, señala, pero basta con que aparezca un problema sanitario para cambiarlo todo. Lo compara con aquello que viven los agricultores cuando una tormenta o el pedrisco arruinan una campaña: “Te toca y te toca”.
Aun así, tiene claro que prefiere esa incertidumbre a dedicarse a un trabajo que no le llene.
Porque para Ana el éxito profesional no consiste necesariamente en tener el horario más cómodo. Está, sobre todo, en poder levantarse cada día y trabajar en algo que siente como suyo.

