No es fácil hoy en día mantener un negocio pequeño abierto y que no suponga ‘una ruina’ para sus dueños. Y es que el llamado “doble alquiler” está pasando factura a muchos autónomos, que se ven obligados además de pagar la hipoteca o el alquiler de la casa en la que viven, a tener que hacer frente también a un segundo alquiler del local donde trabajan, a lo que se suman gastos como la propia cuota de autónomos, la electricidad, la mercancía y, cuando los hay, los salarios de los trabajadores.
Este ha sido el problema principal que no ha permitido a Jaione Ovejero mantener su negocio abierto por más tiempo. Y es que este comerciante de 47 años se ha visto obligado a cerrar su zapatería infantil en pleno centro de Soria después de diez años. Según explicó en Mediodía COPE, el establecimiento dejó de ser rentable después de años soportando gastos fijos y un cambio cada vez mayor en los hábitos de consumo.
“Cada mes me costaba en gastos fijos, unos 2.000 euros en alquiler, autónomos, luz y agua, a lo que sumaba el coste de la mercancía por adelantado”, explica al detallar todo lo que debía asumir antes incluso de saber cuánto iba a vender.
La mercancía tenía que comprarla con seis meses de antelación
Uno de los problemas del negocio del calzado estaba precisamente en la forma de comprar el producto. Jaione tenía que hacer dos grandes pedidos al año, correspondientes a las temporadas primavera-verano y otoño-invierno, y pagar la mercancía con meses de antelación.
A estos gastos había que sumar entre 1.000 y 2.000 euros más si contrataba a una persona a media jornada o jornada completa.
Durante los primeros años el negocio funcionó, pero asegura que a partir del octavo empezó a notar una caída de la facturación. Una de las razones fue el crecimiento de las compras por internet y una competencia que, según relata, procedía incluso de los propios distribuidores, que comenzaron a vender directamente a los clientes.
Todo ello hizo que su beneficio terminara quedándose prácticamente en una cantidad equivalente al salario mínimo, algo que para ella ya no compensaba el riesgo de mantener un negocio abierto.
“Si tengo que cerrar por una baja, no cubro costes, me arruinaría”
A la falta de rentabilidad se suma, según Jaione, la situación de los trabajadores autónomos cuando aparece cualquier imprevisto. “Si yo mañana tengo que cerrar por una baja o por un accidente, no cubro costes, me arruinaría”, explica, reclamando más protección para quienes trabajan por cuenta propia.
En su caso, además, considera que Soria parte con una dificultad añadida. La capital apenas cuenta con unos 41.000 habitantes y toda la provincia ronda los 90.000, de modo que un pequeño comercio depende de una clientela potencial mucho más reducida.
Finalmente cerró la tienda el 29 de agosto, después de ocho meses de liquidación. Ahora ha comenzado una etapa completamente distinta y compatibiliza dos empleos a tiempo parcial: uno como docente de turismo en el Ayuntamiento de San Esteban de Gormaz y otro como trabajadora por cuenta ajena en un comercio.
Después de una década detrás del mostrador, reconoce que la despedida ha tenido algo de alivio, pero también de nostalgia por los clientes que la acompañaron durante todos esos años.

