Una mujer tendrá que pagar 30 euros cada vez que su gato entre en la propiedad del vecino y se enfrenta a otra multa de 2.000 euros

El conflicto comenzó después de que el vecino encontrara huellas de patas en cemento fresco y acusara al animal de entrar repetidamente en su jardín.

Un gato en un sillón en un jardín |Envato
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Que un gato salga de casa y pasee por los jardines de los vecinos puede parecer algo difícil de controlar, pero algo aparentemente inofensivo puede terminar en un conflicto entre vecinos que se alargue en el tiempo y acabe en tribunales con una condena. Así ha sido el caso de estos vecinos franceses, donde una mujer ha sido condenada a pagar 30 euros cada vez que su caso se cuele en la propiedad del vecino, después de que este la denunciara por los daños y molestias causados por el felino. 

Según recoge The Connexion, el origen del conflicto vecinal se remonta al año 2022, cuando el vecino estaba haciendo obras en su jardín y encontró huellas de las patas de un gato sobre el cemento fresco.  

Desde ese momento las quejas sobre el animal no pararon de sucederse, y es que el hombre también aseguraba que el gato también había hecho sus necesidades en el jardín y que incluso había orinado sobre un edredón. 

Tuvo que pagar 1.250 euros y cada nueva entrada del gato puede costarle otros 30

El pasado enero, la dueña del gato fue condenada a pagar 50 euros en concepto de daños y perjuicios y otros 800 euros en costas judiciales, es decir, un total de 1.250 euros. Pero la resolución fue más allá, y el tribunal estableció que además cada vez que el gato vuelva a entrar en la propiedad del vecino tendrá que pagar una penalización de 20 euros. 

El problema es que las acusaciones no terminaron aquí. Según la información publicada, la mujer deberá volver a los tribunales después de que el vecino haya presentado nuevas quejas y ahora se enfrenta a otros 2.000 euros, además de la posibilidad de que la penalización por cada entrada del animal aumente de 30 a 150 euros.

La propietaria niega que pueda demostrarse que todos los daños hayan sido provocados por su gato. Explica que en el barrio hay varios animales que pasan de un jardín a otro y que al menos otros dos también tienen el pelaje naranja.

“No hay ninguna prueba real de que fuera mi gato quien causara los problemas”, asegura.

El vecino, por su parte, ha ido recopilando pruebas durante estos años y cuenta ya con un archivo formado por alrededor de 70 fotografías. Según la mujer, también ha instalado cámaras de vigilancia para controlar los movimientos del animal.

La dueña ha dejado al gato encerrado en casa para evitar nuevas sanciones

Desde que comenzó el conflicto, la propietaria ha decidido mantener a Rémi dentro de casa para evitar que vuelva a cruzar al terreno vecino y genere nuevas penalizaciones.

Sin embargo, asegura que esto también está afectando al animal, que se ha vuelto más agresivo desde que ya no puede salir al exterior. Algunos vecinos incluso se han ofrecido a construirle una gran estructura cerrada en el jardín para que pueda estar fuera sin abandonar la propiedad.

La mujer explica que toda la situación ha terminado teniendo consecuencias también para ella. Asegura que el conflicto le ha provocado ansiedad, aumento de peso y que ha tenido que acudir a terapia.

Pese a ello, descarta marcharse de la vivienda o desprenderse del gato. “Es como un hijo para mí. No hay ninguna posibilidad de abandonarlo”, afirma.

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