Aunque tener una casa con jardín da la ventaja de poder hacer una vivienda anexa para aprovechar y tener espacio, hay que tener en cuenta que este tipo de instalaciones necesitan de sus correspondientes permisos urbanísticos. Hacerlas sin la correspondiente licencia puede generar problemas con el Ayuntamiento y terminar suponiendo asumir el coste extra de la demolición de la vivienda, como le ha pasado a este hombre de 36 años en Reino Unido, que construyó una casa de verano en su jardín trasero y ahora tendrá que demolerla porque el Ayuntamiento considera que no encaja con el resto de casas del barrio.
El afectado, según explican desde el medio Mirror, había construido una edificación de una sola planta y en forma de L en la parte trasera de su propiedad, que según él calificaba era una vivienda de verano. Sin embargo, para el Ayuntamiento de la localidad era una vivienda totalmente independiente y rechazó concederle el permiso de obras que había solicitado después de construirla.
Aunque el dueño de la casa intentó recurrir esta decisión, las autoridades urbanísticas desestimaron su petición, dándole seis meses para derribar la construcción, al considerar que no encaja con las características de las viviendas de la zona.
Tendrá que demoler la casa porque el Ayuntamiento considera que es una vivienda independiente
El primer problema es que el hombre construyó la vivienda sin pedir el correspondiente permiso de obras. Aunque él aseguraba que se trataba de una casa de verano, la construcción contaba con un dormitorio, una cocina abierta al salón y un baño completo.
Sin embargo, por estas características, los técnicos municipales consideraron que no era una simple caseta de jardín, sino una vivienda independiente de la casa principal, ya que estaba separada del edificio, tenía su propio suministro eléctrico y podía disponer de un acceso independiente.
Además, el Ayuntamiento explicó que la construcción reducía el espacio disponible para zonas verdes y alteraba el tipo de edificaciones de la zona. También consideraba que podía provocar molestias a los vecinos por el aumento del ruido y la falta de espacio exterior.
Otro de los problemas era la proximidad de la construcción a un gran roble protegido situado en los terrenos de un colegio cercano. Los responsables de urbanismo señalaron que este árbol tenía un importante valor para el entorno y que era necesario evitar posibles daños.
El propietario recurrió la decisión municipal, pero su primera apelación fue rechazada en 2024. Posteriormente, volvió a recurrir la orden de demolición, aunque el inspector de urbanismo tampoco le dio la razón y consideró que los seis meses concedidos para retirar la construcción eran un plazo “razonable y proporcionado”.
“No voy a seguir luchando contra el Ayuntamiento, no vale la pena”
Una de las principales quejas del propietario era que necesitaba más tiempo para llevar a cabo la demolición, ya que tendría que contratar a los trabajadores, retirar los materiales y asegurarse de que las obras no provocaran daños al árbol protegido.
Por este motivo, solicitó ampliar el plazo hasta los nueve meses. Sin embargo, el inspector rechazó su petición al considerar que no había demostrado por qué los seis meses concedidos eran insuficientes para realizar los trabajos.
Davis explicó que había comprado la propiedad con la intención de reformarla y alquilarla, mientras que la pequeña construcción del jardín estaba pensada para utilizarla como espacio de ocio y reuniones.
“Compré la propiedad y la reformé con la intención de alquilarla, con una casita de verano en la parte trasera para usarla como espacio de ocio y entretenimiento, pero eso no ha sucedido”, explicó el propietario.
Finalmente, tras los recursos rechazados, el hombre ha decidido no continuar con el procedimiento y aceptar la decisión de las autoridades. “No voy a seguir luchando contra el Ayuntamiento, no vale la pena, así que ahí queda la cosa”, aseguró.