Aunque en España los caseros pueden prohibir tener mascotas en la vivienda alquilada, como explica el abogado experto en alquiler Alberto Sánchez, en otros países como Australia o Reino Unido los inquilinos tienen reconocido el derecho a solicitar convivir con sus animales sin que el propietario pueda negarse sin una razón justificada. Es justo lo que les ha pasado a unos inquilinos en Australia que querían tener un perro en su casa de alquiler, pero los propietarios se negaron porque temían que estropeara el jardín de la vivienda.
Según la información sobre el caso publicado por Pulse Tasmania, los inquilinos habían pedido permiso para tener un perro pequeño, preferiblemente un Staffordshire Terrier azul de entre uno y un año y medio de edad. Sin embargo, los caseros rechazaron la petición porque consideraban que el animal podía causar daños en el jardín, que llevaba años cuidado y era una de las principales razones por las que habían comprado la propiedad.
Para defender su negativa, los caseros recurrieron a la justicia, que terminó dando la razón a los inquilinos al considerar que no había pruebas de que el perro fuera a provocar los daños que temían.
Los caseros temían que el perro destrozara el jardín de la vivienda
Por lo que explicaron los propietarios, la vivienda construida en la década de 1950 que contaba con un jardín muy cuidado. De hecho, uno de ellos aseguró que el jardín había sido uno de los motivos principales por los que decidió comprar la casa.
Una de sus principales preocupaciones era que no había ninguna valla que impidiera al perro acceder a las plantas y al resto del jardín, por lo que consideraban que sería imposible evitar que el animal escarbara, orinara o provocara daños.
“No es realista esperar que el perro no entre en él para patrullar el perímetro, revolcarse en la maleza, cavar, defecar u orinar”, explicó uno de los caseros.
También aseguraron que los desperfectos podían ser importantes, especialmente durante los primeros meses, mientras el animal se acostumbraba a la vivienda y aprendía dónde podía estar.
Sin embargo, los inquilinos no estaban de acuerdo con que estos posibles daños fueran motivo suficiente para impedirles tener una mascota, por lo que el conflicto terminó ante el tribunal.
La Justicia considera que no hay pruebas de que el perro vaya a provocar daños
Una de las principales cuestiones que tuvo en cuenta el tribunal fue la normativa que había entrado en vigor en el mes de marzo y que reconoce el derecho de los inquilinos a solicitar tener mascotas en las viviendas de alquiler.
Según esta ley, los propietarios pueden negarse a que haya animales en sus casas, pero tienen que demostrar que existe una razón justificada para hacerlo, como que puedan provocar daños importantes o molestias.
En este caso, el tribunal consideró que los caseros habían expresado preocupaciones sobre lo que podría ocurrir con el jardín, pero no habían presentado pruebas de que el perro fuera a causar esos desperfectos.
Los magistrados explicaron que, aunque los temores de los propietarios eran comprensibles, se basaban en suposiciones y no demostraban que el animal fuera a provocar daños superiores al desgaste habitual de una vivienda.
Finalmente, la Justicia rechazó la negativa de los caseros y permitió a los inquilinos tener un perro pequeño o mediano que no superase los 15 kilos de peso.