Tener una casa, un trabajo estable y una vida profesional rodeada de bancos, abogados y notarios era lo habitual para Meco. Sin embargo, una crisis personal acabó desmontando prácticamente todo lo que había construido y le llevó a tomar una decisión bastante poco común: marcharse al bosque.
Desde hace 14 años vive en una tienda de campaña tipo ‘tipi’ situada en los Apeninos de Romaña, en Italia, a unos 700 metros de altura. Antes de llegar allí trabajaba como agente para la aseguradora Assicurazioni Generali.
Su historia, de la que se ha hecho difusión el famoso canal de Youtube ‘The Pillow’, especializado en mostrar el día a día de gente que está aislada de la sociedad o que tiene un estilo de vida diferente de lo comúnmente aceptado, es la de alguien que recuerda que en su día ocupó un puesto importante ya que según dice “me relacionaba a diario con bancos, abogados y notarios”. Además, junto a su hermano tenía un despacho desde el que llegaron a administrar unas 50 comunidades de vecinos.
“Fui llevado paulatinamente a perder todo lo que había construido”
El cambio no llegó de un día para otro.
Meco explica que la enfermedad de su padre fue uno de los acontecimientos que terminaron alterando su vida. “Fui llevado paulatinamente a perder todo lo que había construido”, recuerda.
Tiempo después tuvo una experiencia en los bosques de Sona, cerca del lago Iseo, que terminó por empujarle hacia una vida completamente distinta.
“Esa fue la chispa que me trajo hasta aquí”, asegura.
Actualmente duerme en un ‘tipi’ que levantó él mismo con palos y lona. En un primer momento utilizó algodón, aunque terminó cambiándolo por velas de barco para que la estructura pudiera “resistir cualquier intemperie”. Dentro duerme sobre una piel de bisonte y utiliza el fuego para soportar las noches más frías.
“Casi nunca voy a hacer la compra”
Pero probablemente una de las mayores diferencias con su antigua vida está en algo tan cotidiano como llenar la nevera.
“Recojo setas, castañas y lo que ofrece el bosque”, cuenta Meco, que reconoce que “casi nunca voy a hacer la compra”. Para conseguir agua potable también aprovecha lo que tiene alrededor: acude a una pequeña fuente situada entre las zarzas y llena allí sus botellas.
Con el tiempo, el terreno en el que vive ha terminado convirtiéndose también en un espacio educativo al que acuden niños para realizar actividades. No cobra una entrada fija y funciona mediante aportaciones voluntarias.
Su relación con las posesiones también ha cambiado por completo. “No poseo nada”, sostiene. Incluso cuenta que, cuando le han robado algún objeto, como una motosierra, siente pesar pero termina aceptándolo.
Nada que ver con aquel hombre que gestionaba seguros y decenas de comunidades de vecinos.
Después de 14 años en el bosque, su vida gira alrededor de conseguir agua, recoger alimentos, mantener el fuego y cuidar el lugar en el que vive. Una forma de vida radicalmente distinta que él resume desde la experiencia de haber dejado prácticamente todo atrás.

