Hacer obras en casa puede suponer gastar miles de euros en muebles, cocina, baños o decoración. Ahora bien, hay una parte de la vivienda que muchas veces queda oculta y que, precisamente por eso, no siempre recibe la misma atención: la instalación eléctrica. Algo que además cada vez cuesta más, ya que antes cambiar toda la instalación de una casa podía suponer unos 2.000 euros mientras que ahora pueden ser perfectamente más de 6.000 euros.
Así lo denuncia Rodrigo, electricista, que pone un ejemplo bastante gráfico sobre cómo se reparte el presupuesto durante muchas reformas. “A la gente no le importa gastarse 4.000 euros en un sofá, pero sí le importa gastarse 4.000 euros en una instalación eléctrica porque no se ve”, explica.
Y es que, aunque los cables queden escondidos detrás de paredes y techos, de ellos depende prácticamente todo lo que utilizamos a diario en casa, desde electrodomésticos hasta iluminación, climatización o cargadores.
“La electricidad es lo único que no se ve”
El problema aparece especialmente en viviendas antiguas que han pasado por varias reformas estéticas sin que nadie haya renovado previamente la instalación.
“Muchos se dejan cientos de miles de euros en reformar la casa y después no gastan dinero en cambiar la instalación eléctrica, aunque sean cables antiguos y que ya estén en mal estado”, advierte Rodrigo.
Para él, existe una diferencia clara entre aquello que el propietario puede ver inmediatamente y aquello que queda escondido una vez termina la obra.
“La electricidad es lo único que no se ve. Se ven las luces, pero no se ve nada más”, resume.
Precisamente por eso considera importante revisar la instalación cuando se compra una vivienda con cierta antigüedad. No se trata únicamente de que los enchufes funcionen o de que las luces se enciendan, sino de comprobar qué hay detrás y en qué estado se encuentra.
El oficio de electricista, además, sigue siendo fundamental en un momento en el que las viviendas cuentan con cada vez más aparatos conectados y nuevas tecnologías. Sin embargo, Rodrigo considera que muchas veces ese trabajo no recibe el mismo reconocimiento que otras partes más visibles de una reforma.
Una instalación que también debe actualizarse
A todo esto se suma la evolución de las propias viviendas. Aires acondicionados, placas de inducción, bombas de calor, cargadores para vehículos eléctricos o sistemas domóticos hacen que las necesidades actuales no sean las mismas que hace varias décadas.
Por eso, los profesionales también tienen que mantenerse constantemente actualizados y adaptarse a nuevas tecnologías y nuevas instalaciones.
Rodrigo insiste en que renovar la electricidad debería formar parte de las prioridades cuando una instalación está envejecida o presenta problemas.
Porque mientras un sofá, una encimera o un suelo nuevo se ven nada más entrar en la vivienda, los cables permanecerán ocultos durante años.
Y ahí está precisamente su crítica: se puede gastar mucho dinero en aquello que luce a simple vista y, sin embargo, intentar ahorrar en una parte de la casa que, aunque no se vea, resulta imprescindible.

