Verónica, 39 años, albañila: “Creen que por ser mujer soy más débil, que no puedo cargar peso, subir material o bajar escombros”

Lleva seis años como oficial de albañilería, dirige a una plantilla formada por hombres y aún así todavía hay clientes que se dirigen antes a sus compañeros porque no esperan que ella sea la persona que manda.

Verónica, 39 años, albañila: “Creen que por ser mujer soy más débil, que no puedo cargar peso, subir material o bajar escombros” |Envato
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Llegar a una obra con casco, herramientas y ponerse al frente de un equipo sigue provocando sorpresa cuando quien lo hace es una mujer. Y sino que se lo digan a Cristina, una albañila que lleva 19 años en la obra y declara que “ningún hombre le dobla el ritmo”. Otro caso similar es el de Verónica Cano, una madrileña de 39 años que lleva seis trabajando como oficial de albañilería e incluso se encuentra actualmente ampliando su formación para convertirse también en electricista.

Y aunque la experiencia le ha dado seguridad, reconoce que todavía se encuentra con situaciones en las que tiene que demostrar quién es la responsable. Cuando llega acompañada de sus compañeros, muchos clientes se dirigen directamente a ellos.

“Cuando entramos mis compañeros y yo siempre les hablan a ellos, a pesar de ser yo la jefa”, cuenta. Después son los propios trabajadores quienes tienen que explicar que es ella la oficial. “Se quedan a cuadros”.

“Siempre dudan”

Verónica no llegó a la construcción siguiendo el camino habitual. Cuando era adolescente acompañaba a su madre a limpiar viviendas de obra nueva y, mientras ella trabajaba, se quedaba observando a fontaneros, carpinteros y otros profesionales.

Con el tiempo aquella curiosidad terminó convirtiéndose en una profesión. Empezó haciendo pequeñas reformas para familiares y amigos hasta que decidió abandonar su anterior trabajo y dedicarse plenamente a la construcción, un sector que cuenta actualmente con un déficit de 700.000 obreros en España.

Ahora bien, entrar en un sector tradicionalmente masculino también le ha obligado a enfrentarse a determinados prejuicios.

“Creen que por ser mujer soy más débil, que no puedo cargar peso, subir material o bajar escombros. Siempre dudan”, explica. Y no ocurre únicamente con el trabajo físico. Según cuenta, también ha visto cómo algunas de sus propuestas profesionales se cuestionaban inicialmente por proceder de ella.

Para Verónica, la capacidad para desempeñar un oficio no debería depender de si quien lo realiza es un hombre o una mujer. Lo que reclama no es un trato diferente, sino que se valore lo que cada profesional sabe hacer.

“Hay que dejar que las mujeres ocupen parte del espacio”

La falta de mujeres en las obras sigue haciendo que su presencia llame la atención. Algo que, en opinión de Verónica, solo cambiará cuando deje de ser una excepción encontrar albañilas, electricistas, fontaneras o jefas de obra.

“Hay que erradicar esta masculinidad en la obra y dejar que las mujeres ocupen parte del espacio”, reivindica.

Además, considera que el sector tiene otro problema por delante: la falta de relevo generacional. Precisamente por eso cree que cerrar la puerta a una parte de los posibles trabajadores no tiene demasiado sentido.

Pese a todo lo que ha tenido que demostrar durante estos seis años, Verónica habla con entusiasmo de su oficio. “Es una profesión muy bonita”, asegura.

Y su objetivo pasa por continuar aprendiendo, seguir ganando experiencia y conseguir que algún día entrar en una obra dirigida por una mujer deje de provocar sorpresa.

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