Tanto los trabajadores más jóvenes y que cotizan como los que están a pocos años de jubilarse se preguntan si el actual sistema público colapsará y no podrá pagar las pensiones cuando llegue su edad de jubilación. Esta duda llega con más fuerza en cada campaña electoral y, según Alfonso Muñoz Cuenca, funcionario de la Seguridad Social, son las mismas palabras que llevan 35 años repitiéndose.
Alfonso recuerda que cuando empezó a trabajar en la Seguridad Social en el año 1991 todos los amigos y familiares le preguntaban lo mismo: “Oye, Alfonso, ¿tú crees que habrá pensiones para cuando nos jubilemos?”, a lo que añade: “Hoy, en plena campaña electoral, seguimos escuchando prácticamente lo mismo”.
Para el funcionario, el actual sistema de pensiones ha sobrevivido durante más de 30 años a los mismos avisos y, aun así, ha logrado seguir ampliando protecciones. De hecho, pone como ejemplo el de los permisos por nacimiento. Antes la madre tenía 16 semanas y el padre solo podía disfrutar de una parte si ella se la cedía.
Hoy cada uno de los progenitores tiene derecho a 19 semanas propias e intransferibles desde que se aprobó el Real Decreto-ley 9/2025, el cual reformó el artículo 48.4 del Estatuto de los Trabajadores. Alfonso también cita la evolución de las pensiones mínimas así como las prestaciones familiares.
“No hemos asistido a la desaparición del sistema que algunos anticipaban”, señala, aunque sí reconoce “un importante reto demográfico”, porque aumenta el número de pensionistas y llegan a la jubilación las generaciones más numerosas (las del conocido como baby boom). “Una cosa es reconocer que tenemos desafíos y otra muy distinta afirmar que el sistema está condenado a ser insostenible”, señala.
Ingresos o recortes
Para el funcionario, el punto de vista está en cómo se deben cuadrar las cuentas. “Cuando hablamos de sostenibilidad, debemos hablar de ingresos y de gastos”, y ahí se puede reducir la protección o reforzar los recursos que financian el sistema. “Prefiero que exploremos y adoptemos medidas que aumenten los ingresos antes que convertir los recortes de las pensiones en la respuesta habitual”, explica su postura. Aun así, señala que no cualquier medida de ingresos basta y que no se pueden ignorar los costes.
Para entenderlo un poco mejor, Alfonso sitúa el gasto anual en pensiones “en torno a los 200.000 millones de euros”, que más o menos cuadran con los últimos datos de la Seguridad Social, donde en septiembre se abonaron 10.547.417 pensiones contributivas a más de 9,5 millones de personas, con una nómina de 14.498,2 millones de euros en un solo mes. De este total, las tres cuartas partes son de jubilación.
Además, ahora el sistema cuenta con una pieza de ingresos que en 1991 no existía, y es el mecanismo de equidad intergeneracional (MEI). Esta es una cotización que se aplica a la nómina de todos los trabajadores, la cual va creciendo cada año (hasta 2029) y que en 2026 es el 0,9%, del cual la empresa abona el 0,75% y el trabajador el 0,15%, un dinero que va al Fondo de Reserva, la llamada hucha de las pensiones.
Ese fondo tenía a 31 de marzo 15.267 millones de euros, su nivel más alto en diez años, aunque ese dinero apenas cubre poco más de un mes de la nómina de todas las pensiones, además de que no podrá usarse hasta 2033, ya que así lo regula el artículo 121 de la Ley General de la Seguridad Social.
“Su futuro no está escrito de antemano”
Muñoz pide rigor y no lanzar mensajes alarmistas, ya que, como bien señala, “hay que explicar los cálculos, los escenarios que se han utilizado, qué medidas se proponen” y quién soportará sus consecuencias. Otros, como la economista Leticia Poole, defienden justo lo contrario y sostienen que las cuentas no salen.
Por eso le preocupa que el asunto se convierta en “un arma electoral utilizada para generar miedos sin explicar suficientemente las alternativas”. El funcionario ya había advertido días antes de que la subida de las pensiones contributivas de 2027 está garantizada por ley, con independencia de quién gobierne.
Para Alfonso, el actual sistema de pensiones sigue siendo viable si se siguen adoptando medidas para su financiación. “Digo que su futuro no está escrito de antemano y que no debemos confundir los desafíos financieros con una condena inevitable a la insostenibilidad”, finaliza Alfonso Muñoz Cuenca.