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10 trucos que usa Ikea para que compres más en sus tiendas

Estos son los trucos que utiliza Ikea para jugar con nuestra mente y hacer que compremos más de lo que teníamos pensado.

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Esperanza Murcia
Esperanza Murcia
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Siempre que entramos a Ikea salimos con más cosas de las que teníamos pensado. Decimos adiós al reloj y nos tiramos dentro más horas de lo que inicialmente esperábamos. Esto no es un hecho casual. La casa sueca utiliza una estrategia basada en una serie de trucos para conseguir que compremos de más.

La experiencia de Ikea cuando vamos allí a comprar es tal que prácticamente parece que nos vamos de excursión. Una especie de aventura donde vamos a comprar lo que necesitamos pero también a ver lo que allí nos encontramos.

Sus tiendas están diseñadas casi como si fueran una trampa. No es una cuestión de azar que todos nos quedemos atrapados en sus laberínticos pasillos y que no sepamos cómo salir de allí, perdidos hasta que por fin damos con lo que habíamos ido a buscar. Este es tan solo uno de sus trucos, hay mucho más detrás. Descubrimos en qué se basa su estrategia para poder escapar de ella en la próxima visita. 

¿Cuáles son los trucos de Ikea para que compremos más?

Ikea es una de esas grandes cadenas que esconde detrás toda una estrategia para llenar nuestras cestas y así hacer que gastemos de más. Lo consigue a través de tácticas de marketing y psicología del consumidor que permiten que piquemos cada vez que visitamos cualquiera de sus tiendas.

Desenmascaramos esta estrategia. Estos son los 10 trucos que utiliza la marca sueca en sus instalaciones para aumentar nuestras compras y que se deberían evitar desde ya para en la próxima compra no gastar ni un euro de más. 

1. Las bolsas de Ikea

bolsas Ikea

Todos tenemos en casa la típica bolsa azul de Ikea con el logo en letras amarillas. En ella cabe absolutamente de todo. Y ahí justo se encuentra la trampa. En las tiendas de la marca no encontramos las típicas cestas pequeñas, lo más pequeño que podemos encontrar son estas bolsas que no destacan precisamente por su reducido tamaño.

Y ahí nos encontramos, sin parar de echar lo que encontramos a nuestro paso sin que parezca acaso que la estamos llenando. De repente llegamos a la caja y vemos realmente todo lo que hemos ido agregando, pero ya es tarde para dar un paso atrás. 

2. Los pasillos sin salida

pasillos sin salida IKEA

Entrar a Ikea es meterse en un verdadero laberinto. Sabemos cuando entramos, pero no cuándo saldremos. El diseño de sus tiendas está planeado para que vayamos siempre por el camino indicado, nos lo indica la marca con las propias huellas en el suelo. Así se aseguran de que pasemos justo por donde ellos quieren, creando distintos ganchos en el recorrido que nos harán incluso mirar o detenernos en los productos que tienen planeados.

Estos pasillos sin salida que siempre nos llevan a una nueva estancia, y nunca directamente a las cajas, consiguen que perdamos más tiempo en llegar al producto por el que realmente hemos ido a comprar. Alargan el proceso de compra y consiguen meternos en la cabeza nuevos productos convirtiéndolos en una nueva necesidad, aprovechándose de la compra por impulsos. 

3. Recreación de mini casas

mini casa IKEA

A todos nos gusta ver las habitaciones que monta Ikea. Una con otra parecen auténticas mini casas en las que imaginamos que podríamos entrar a vivir ya. Nos tumbamos en sus camas, abrimos todos los cajones de la cocina, vemos cómo quedaría decorado nuestro hogar… Una simulación de lo que podría ser nuestro día a día.

Se trata de recreaciones tan reales que, haciéndolas para todos los tamaños y estilos, encajan siempre con alguna de las estancias que componen nuestra casa. Sin darnos cuenta empezamos a comparar lo que vemos con lo que ya tenemos, descubriendo que algo nos falta para conseguir ese diseño de revista. Puede que realmente no nos haga falta nada, pero la marca sueca nos hace creer que sí mostrando estos diseños tan idílicos que inconscientemente queremos llevar a nuestro hogar. 

4. Colocación del producto en las estanterías y zonas de exposición

Podría parecer que un espacio limpio sin mucho ruido sería el entorno ideal para que compráramos más. Pero, de hecho, funciona mejor al contrario. Entrar a alguna de las tiendas suecas es ver un objeto con otro colmando todas sus estanterías. También ocurre en sus zonas de exposición y recreaciones de estancias, encontrándonos un montón de productos y no solo los muebles en sí. Esta aplicación del producto está hecha adrede. Cuantas más cosas encontramos a la vista más compramos. Está demostrado.

Además no solo se dedican a apilar los artículos, sino que saben cómo resaltar aquellos que más les interesan. Esto lo hacen con juegos de luz, encontrándonos siempre con áreas bien iluminadas donde enfocan especialmente los artículos que quieren vender. También consiguen que piquemos a través de la venta complementaria. Si por ejemplo vamos a por una lámpara, se preocupan de que al lado encontremos la bombilla que necesitamos o cualquier producto que pudiese encajar con dicha compra. Así consiguen aumentar el número de artículos por ticket. 

6. Cambiar los espacios cada poco tiempo

En Ikea nunca nada es igual. En cada visita realizamos un recorrido nuevo y es imposible que sepamos lo que vamos a encontrar con cada paso que damos. Así, cada vez que vamos no perdemos detalle y nos fijamos en todo lo que vemos, no vamos caminando sin más. De esta forma captan nuestro interés haciendo que descubramos productos nuevos que en ocasiones ni siquiera sabíamos que existían. 

Modifican los productos colocándolos en nuevos espacios y se aseguran así de mantener cierto espíritu de novedad. Cada visita es como una experiencia nueva, no podemos diseñar una rutina ni ir directamente a por lo que necesitamos. 

7. Poner nombre a los muebles

Todos los artículos que se venden en las tiendas de Ingvar Kamprad tienen un nombre particular. No podemos comprar nada allí sin nombre propio. Y si bien es cierto que la mayoría de ellos son imposibles de pronunciar, al menos para los que no hablamos sueco, hace que dichos productos sean más fáciles de recordar.

Es algo que solo ocurre en Ikea. Y de esa forma consiguen que sus productos sean reconocibles y que se puedan diferenciar con los de la competencia. Así, cualquier comprador que va a sus tiendas ya no va solo a por una vitrina, si no que va en busca de la Billy, por ejemplo. 

8. Los precios redondos

precio IKEA

Puede que a priori no hayamos reparado en ello, pero no encontraremos ningún pico en los precios de Ikea. Todos corresponden a precios redondos, nada de 24,99 o 9,99: 25 o 10. Es una táctica que responde a la psicología de los precios, por la que se ha demostrado que los consumidores creen que su decisión de compra es perfecta y no tienen dudas racionales acerca de lo que se van a gastar.

Asimismo, todas sus áreas están plagadas de ofertas. Esto ocurre especialmente en la primera parte de sus tiendas, donde todos los productos responden a mini precios que en la mente del consumidor no suponen ningún desembolso. 

9. Aislamiento del resto de tiendas

Nadie va a Ikea por casualidad o entra porque pasaba por allí. Se trata de una visita planificada que nos suele llevar el día entero. Si nos damos cuenta, cuando llegamos no encontramos más tiendas alrededor. La marca sueca siempre coloca sus tiendas en lugares aislados, donde no podamos acceder a otros comercios.

Esto no solo consigue que la compra en sus tiendas sea una actividad premeditada, sino que se quita a la competencia de un plumazo. Si vamos allí, algo seguro que compramos. Y es que no contamos con la posibilidad de comparar. Una vez allí, también nos eliminan esa necesidad de comparación con otras marcas similares, gracias a la asistencia en vivo que encontramos donde nos aclaran todas las dudas al momento. 

10. El restaurante de su interior

No hablamos de sus albóndigas, de sus perritos calientes ni de su café gratis. Si no de algo totalmente diferente donde juegan una vez más con la psicología. Y es que comprar a todos nos cansa, a veces estamos deseando acabar solo para sentarnos. Ikea se quita este cansancio montando su propio restaurante en el interior, por lo que no tenemos que salir de su tienda para poder despejarnos o tomar algo.

Además no compramos igual con el estómago lleno. La comida para la mayoría es sinónimo de felicidad. Recién comidos estaremos más contentos y no nos importará elevar nuestro presupuesto inicial, gastando más de lo planeado e incluso comprando productos que no habíamos pensado.